viernes, 28 de septiembre de 2012

Me fuí a dormir anoche, 27 S, y me despierto hoy, viernes 28 S, para enterarme que la Argentina, de Kristina y Timerman, Héctor ahora "negocia" con Irán, del fascistafundamentalistaantisemita Anamidejan, para "investigar" el atentado a la AMIA y "llegar a la verdad". Cómo si la Justicia (¿independiente?) argentina no lo hubiera fallado ya y acusado a los funcionarios iranies con pedido de captura internacional. Me parece que me voy, pero no a domir: me voy de este país de mierda camino al fascismo fundamentalista antisemita a través del pupilismo que gobierno hoy y busca ser reelecto. Chau, lo siento por mis amigos progres que la apoyan.

martes, 18 de septiembre de 2012

Opinión
Ni mudos ni sumisos: no todo el que discrepa y protesta, fue o es partidario de la dictadura ni propicia un golpe de estado
Hugo Murno, poeta argentino, colaborador espacinsular
BUENOS AIRES, Argentina, 18 de septiembre de 2012.- El pasado jueves 13 de este mes de septiembre, en el que la primavera parece querer anticiparse en Buenos Aires, al caer la tarde (las 19 aproximadamente) el batir de cacerolas, sirenas y bocinas, acompañaron una marea humana que se volcó a las calles y plazas de la capital argentina y otras ciudades y pueblos de todo el país, en una marcha de protesta y disenso con las autoridades nacionales y algunas de sus últimas medidas, como el intento nunca negado de reformar la Constitución para imponer la reelección indefinida que permita a la actual Presidente Cristina Fernández eternizarse en el poder.
Fue un acto absolutamente espontáneo, convocado o autoconvocado a través de las redes sociales –que mostraron una eficacia intercomunicacional ya probada en actos y marchas de protesta similares, habidas en los países árabes hace ya más de un año y medio, en las concentraciones de los indignados, que empezaron el 15 de mayo en Madrid, España y hoy se replican por toda Europa y hasta se hicieron sentir fuerte en Nueva York, en la mismísima Wall Sthreet—. No hubo consignas unificadoras, ni banderas, tan solo algunas pancartas y cánticos y gritos, a veces agresivos e insultantes, en contra de algunas medidas extemporáneas adoptadas por la actual administración (que reasumiera el pasado 10 de diciembre de 2011, tras el abrumador triunfo, por el 54% de los votos, emitidos a favor del Frente para la Victoria, un neoperonismo sin Perón, autoproclamado Nacional & Popular, progresista y hasta “revolucionario”), entre otras la de poner un virtual corralito a la adquisición de cualquier moneda extranjera, en especial dólares americanos, dificultando el comercio exportador y restringiendo las importaciones de insumos básicos para la menguada industria argentina; la persistencia de la negación de una inflación que supera el 25% anual (las cifras oficiales apenas aceptan un 8% y prohíben a las consultoras dar a conocer cifras de medición de precios y costo de vida) y la burda pretensión de facilitar la reelección eterna de la actual presidente Cistina Fernández de Kirchner, reformando la Constitución nacional; a más del abuso de la utilización de la cadena nacional de radio y televisión para que la Presidenta haga permanentes anuncios o inauguraciones, escrache (denuncia pública)) a quienes osan criticarla aún y hasta amenace a sLs gobernadores de provincia y otros funcionarios y al pueblo en general a que le “tengan miedo sólo a dios y un poquitito a mi (a ella)”.
No fui a la plaza, no salí a la calle ni a cacerolear al balcón, prefiero protestar como mejor se hacerlo, por medio de la palabra escrita; por algo uno escribe y es periodista profesional. Porque además no coincido con algunas de las consignas convocantes a la manifestación de protesta colectiva que se vivió el jueves 13 de septiembre pasado, que inundó calles y plazas de todo el país, más allá de que el oficialismo y su aduladores hayan querido ignorarla, negarla, no mostrarla.
Porque eso fue lo primero que se trató de hacer, por parte del Gobierno y sus seguidores: hacer de cuenta que no pasaba nada, siguiendo aquel viejo axioma de que “de lo que no se habla no existe”. Ya lo había dicho en su momento el exgeneral y dictador sanguinario Jorge Rafael Videla “los desparecidos no están, no existen…”; tal como el gobierno de esa trágica dictadura que lo tuvo como presidente dispusiera, en una de sus directivas a la prensa, allá por abril de 1976, que ERP y Montoneros debían “escribirse con minúscula, para restarles identidad…” (de restar identidad y desaparecer gente sabían mucho aquellos asesinos que usurparon todas las instituciones de la República). Algo así como en su momento hicieran los detentadores del poder tras la llamada Revolución Libertadora de 1955: dispusieron, por el famoso decreto 4161, que no se podía nombrar a Perón ni al Partido Peronista o Justicialista ni ninguna otra palabra o expresión que aludiera a aquellos.
Quien esto suscribe ha vivido muchos años bajo gobiernos autoritarios, dictaduras y dictadorzuelos, y hasta presidentes democráticamente elegidos que se trastocaron en autócratas cuasi mesiánicos. Años vividos con temor, con miedo, sufriendo restricciones, prohibiciones y censuras (no pudiendo ver tal película o leer tal libro ni manifestar libremente las ideas propias, sobre todos si tenían algún sesgo izquierdista); este cronista también tuvo temor, miedo, como profesional que vio muchas veces cercenada la libertad de expresión, y la detención, encarcelamiento, desaparición y asesinato de muchos, muchísimos compañeros trabajadores de prensa por defender aquella libertad recuperada junto a otras y a la democracia a partir del 30 de octubre de 1983.
Por eso entiendo y concuerdo con todos aquellos que salieron (o los que como yo no lo hicieron) el 13 s, a decir en voz alta que no queremos que nos impongan nada: ni trabas de ninguna naturaleza ni reelección indefinida de ningún gobernante (la forma republica de gobierno se caracteriza por la alternancia en el poder). Ni tampoco que, quien detenta el poder legitimante, ungido por abrumadora mayoría, pretenda imponer sumisión y que se le tanga “un poquito de miedo”.
Por aquello fue por lo que salieron los que salieron y protestaron (y protestamos), absolutamente autoconvocados, a travez de esa nueva herramienta ciudadana, las redes sociales, superando instancias mediadoras como podrían ser los medios independientes o no adictos, y tampoco siguiendo a líderes o a estructuras partidarias de la oposición que mostraron una ausencia autista que dice muy bien que están crisis casi terminal. Así salieron los que lo hicieron, más allá de que lo hicieran golpeando cacerolas o estuvieran más o menos mejor vestidos o vivieran en barrios caros o en lugares de clase media, de cualquier ciudad del país; qué además, ya se sabe: en la Argentina casi el 90 por ciento de la población es urbana y de ella un 76 por ciento pertenece a la clase media, algo por lo cual uno no debe avergonzarse. Y no es verdad que todos los que manifestaron el 13 s defendían solo sus dineros o protestaban por no poder comprar dólares. Y tampoco que todos los que salieron defendían a la pasada dictadura ni propiciaran un golpe de Estado, más allá de que hubieran voces que se expresaran en ese sentido y otras que insultaran soezmente a la Presidenta de todos y todas los argentinos y argentinas.
No es cuestión de estigmatizar a los que no piensan como uno, la política y la vida en democracia no es algo blanco o negro, hay matices, hay discusiones, hay discensos, hay acuerdos, hay respeto por el otro y por lo que piensa y/o expresa el otro. Sino caemos en el autoritarismo, en el mesianismo, en el fundamentalismo; denigrando al otro, y adulando a los propios, más allá de los desaciertos y aplaudiendo el despotismo, se va de la mano del populismo directo al fascismo. Por favor reflexionen/reflexionemos: los que no piensan como el actual gobierno no son enemigos, son personas que quieren otra cosa, nada más que eso; y que tienen/tenemos derecho a expresarlo. Sin temor a hacerlo. Ni mudos ni sumisos: diferentes.