jueves, 26 de noviembre de 2015

Mucha cal y poca arena: primeras muestras de lo (malo, aterrador) que puede venir
Hugo Murno, especial para el periódico BernalES

No paso demasiado tiempo desde el triunfo (por poquito más del 2%) del ingeniero Macri en su puja por la Presidencia de la República, cuando el lunes y el martes, y el miércoles por si fuera poco, hubieron dos, tres mejor dicho, señales, muestras de lo que se avecina. Que no presagia nada bueno, por lo menos así lo vemos algunos (varios, bastantes, tal vez muchos).
Cronológicamente: el lunes 23 a horas del cierre de los comicios y conocerse los resultados, el diario La Nación, esa tribuna de doctrina liberal (cada día más reaccionaria), se lanzó con un furibundo editorial pidiendo (palabras más, palabras menos) el fin del juzgamiento de los genocidas (civiles y militares) acusados de crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura (1976-1983). En una muestra de que algo de dignidad aún queda, los periodistas del más que centenario periódico repudiaron ese editorial, al tiempo que expresaron que lo que el diario sostiene no es  eso lo que piensan sus trabajadores. Ni buena parte de la sociedad argentina que, salvo el sector que aglutina al próximo gobierno, con el presidente electo a la cabeza no dijeron esta boca es mía. Sospechoso por cierto.
Lo segundo fue el improvisado(¿?) apurado y fulminante fallo de la Corte de (In)Justicia de la Nación, por el voto mayoritario de dos de sus cuatro integrantes (uno renunciante y en retirada por edad; y la otra votó en disidencia). El fallo lo anunció el Presidente del Alto Tribunal, uno de los tres poderes constitucionales del país, doctor Lorenzetti: se dispone que el ANSEs devuelva a las provincias (por ahora tres; ya se sumaran las demás, seguramente) el porcentaje que aquellas tienen que girar al ente de la seguridad social para aportar a su capital, con el que se atienden los pagos de cinco millones (sí: 5.000.000) de jubilados y pensionados, de todo el país, más la Asignación Universal por Hijo  (AUH), y otros programas de asistencia social a desocupados, a sectores de pocos o nulos ingresos, a los planes Procrear (vivienda), Ahora 12 (compras de todo tipo en doce cuotas sin interés). Sería alrededor de 90.000.000.000 (noventa mil millones de pesos) que desfinanciarían al ente público, lo llevaría prácticamente a la quiebra y los que tienen (tenemos) algún beneficio que cobrar irán a reclamar a la calle, como en las las épocas de Norma Pla ante el Congreso y el insensible ministro Cavallo.
El tercer acto de esta tragicomedia fue oficialmente actuado por el flamante futuro Jefe del Gabinete de Ministros del futuro Presidente, y consistió en el anuncio de quienes integrarán ese futuro cuerpo de secretarios de Estado de más de 23 miembros. La única sorpresa buena fue la continuidad del ministro de Ciencia y Tecnología del actual Gobierno nacional, Lino Barañao: por lo menos continuarán las políticas de apoyo y engrandecimiento de la ciencia y la tecnología, el mejoramiento en todos los órdenes de esas dos áreas, los mejores sueldos de científicos repatriados y la custodia de dos bienes importantísimos, el Banco Nacional de Datos Genéticos y los dos satélites de comunicaciones, Arsat i y Arsat 2, fabricados y puestos en órbita por mano de obra argentina.
Los demás ministros designados no fueron sorpresa: una co(ho)rte de gerentes de empresas multinacionales o de la banca y las finanzas extranjeras, con una impronta neoliberal novecentista (de los tremebundos años 90, del menemato y no del siglo 19), y algunos con prontuario dudoso (flojos de papeles) como el de Hacienda y finanzas, expresidente del Banco Central y exgerenciador de los cuantiosos bienes de la extinta Amalia Lacroze de Fortabat, cuya fortuna saco del país y depositó en Suiza (evadiendo impuestos nacionales, por cierto). ¡¡¡Y una ministra de Seguridad que no pudo pasar un test de alcoholemia…!!!
Lo dicho en el título: mucha cal y poca arena es la utilizada para construir el nuevo edificio del nuevo gobierno nacional. Esos dos elementos, más el cemento y el hierro son la base del hormigón armado, basado en el primigenio engendro que idearan los romanos (los del Imperio Romano) para levantar todo tipo de construcciones, incluidas las famosas Vías de transito y los acueductos aún en uso en la vieja, vetusta Europa; esos elementos deben ser mezclados en proporciones justas: ni mucho de uno ni poco de otro. Para que los edificios duren y no produzcan resquebrajaduras y daños. Sobre todo a los habitantes de esos edificios. Y más si se trata de los habitantes de un país. Todos y todas.
Un panorama no demasiado alentador, por lo que se vislumbra. Por lo menos según el saber y entender de este cronista.

Hugo Murno

Buenos Aires, 26 de noviembre de 2015

domingo, 1 de noviembre de 2015

Las últimas torres de un barrio que una vez tuvo puerta

A solo tres cuadras de la estación de Bernal --ciudad del Gran Buenos Aires, a tan solo 17 km de la Ciudad de Buenos Aires, enclavada en el Partido bonaerense de Quilmes-- se encuentran esas torres que rematan unos "raros castillitos normandos". Están mezclados con el conglomerado de casas nuevas y viejas de modesto (y a veces pretencioso) aspecto, en lo que denota ser un barrio de los más populares y antiguo de la zona. (Esos castillitos) forman parte del cotidiano paisaje del lugar y, claro, para los habitantes de allí, que los conocen desde siempre, la cosa (y esas casas) no tiene misterio ni despierta la imaginación. Pero verlos por vez primera y pensar en castillitos medievales de alguna aldea francesa, recrear historias imaginadas y soñar con un pasado de leyendas, es tentación de la que no se escapa fácilmente, algún desprevenido visitante o alguien que simplemente transite por el lugar.
Y algo de eso hubo (de historias fascinantes; misteriosas).
Tal vez un poco de frustrados deseos feudales, porqué no reminiscencias de una Italia ancestral metida en su ser, o ganas simplemente de jugar con la imaginación en sus creaciones arquitectónicas, o todo junto, fuera lo que llevó a don Juan Chiogna a construir esas casa tal como todavía se las puede ver, por lo menos a las que la piqueta o la modernización todavía ha respetado...
Primero fue la construcción de (por lo menos para la época y lugar) la más grande planta industrial de la Argentina: la de la Fábrica Papelera Argentina (después Celulosa Argentina y hoy perteneciente a una multinacional estadounidense) y a su lado el conjunto de casitas (mucho más grandes de las que a veces hoy todavía se hacen con similares fines) destinadas a los obreros y empleados de la firma y sus familias.
Pero esos terrenos que Don Juan había comprado asociado a don Pedro Vaccari, y que lindando con la fábrica llegaban hasta la costa del río de la Plata (unas 20 a 25 cuadras de largo por 4 o 5 de ancho) tentaban para el proyecto que giraría, allá por 1908, en las mentes de esos dos ítalo-argentinos, que seguramente gustarían ver el río desde sus dominios, barranca incluída.
Y así nacieron las casas, como esa que se encuentra (remozada hoy) en la esquina de Crámer y Almafuerte, que es la casa que Don Juan levantó para habitar él. Y allí comenzaba el "feudito", pues la hoy calle Almafuerte (por aquella época P. Vaccari) empedrada y larga tenía tranquera. Sí, como todas las otras que hacían de "puertas" en las demás bocacalles que bordeaban los dominios del arquitecto y empresario industrial; y allí había que entrar de a pie, y el caballo, los sulkis y jardineras de los proveedores del barrio (que eran todos italianos, a excepción de algún español y muy pocos criollos) y obreros de la papelera (en la que ganaban $ 3 --de entonces--por día, de los pesos fuertes en serio). Todo construido con materiales traídos de Europa, ladrillos y maderas, hierros y clavos, tejas y también algunos de los nombres que adornan los frontispicios de algunas de esas casas, como es Quo-Meme, que pasó con tabla y todo de ornar un yate a las paredes de la que en 1973 ocupaba Alfredo Sánchez, de entonces 24 años, nacido en ella y que la compró a los descendientes de don Juan Chiogna en $ 27.000, de esa época, claro... (Él nos lo contó en aquella oportunidad en que indagamos para poder escribir esta nota).
(Don Juan) también había construido una de esas casas que ocupaba la planchadora, y otra para Benito el barrendero; y donde hoy (en 1973) está instalado un taller mecánico, al fondo de otra de las casas supo estar la caballeriza que alojaba la volanta que iba a esperar a la estación (de trenes) a Don Juan, cuando este venía de Buenos Aires a pasar unos días en su "mundito".
Y allí donde está parada una viejecita nervuda y vivaracha, que nos cuenta que su hija es nieta del fundador del barrio, estaba emplazado el parque del lugar con la casona de los viejos Chiogna en el medio...
Pero el clima de misterio lo remata realmente, más que ninguna otra la casa que se levanta allá, al pie de la barranca, frente a una ancha avenida de tierra , que algún día será parte de la Autopista Buenos Aires-La Plata (recuérdese que esta nota fue escrita en 1973 y estamos en 2015). La historia de esa casa quizá no la conozcan sus actuales moradores, una asustadiza pareja de ancianos, que se encierra en silencio tras las descascaradas paredes de lo que otrora fuera concebido como estación de tranvías y/o embarcadero. Sí, las dos cosas, porque las versiones de los viejos vecinos son dispares y cuenta por ejemplo que el proyecto originario era abrir un canal que desde el río llegara hasta allí, para poder entrar y salir  con yates y veleros. Pero también afirman, los que sostienen la otra versión, como lo hace Margarita Vanna de Chiogna, quien supo que su suegro gestionó sin éxito una concesión de la línea de tranvías, que fuera desde el barrio hasta la playa...
Tal vez la verdadera historia sea diferente, y que no haya sido en 1924 que la municipalidad quilmeña tomó posesión de la "calle privada" y la abrió al uso público tal como hoy la conocemos, o sea exagerado el afirmar que, cuando muchos años después, los herederos del "hombre de los castllitos" pusieron en venta los terrenos, y se vendieron los lotes a $ 100 (cien pesos) cada uno (cada lote), y aquel donde está la estación de tranways y embarcadero, fue comprado pagando como si fuera un lote más con un árbol y no edificado...
Las cosas pueden ser algo distintas de lo que el recuerdo de quienes vivieron u oyeron en el viejo barrio cuentan, pero las casas (pocas) todavía están allí (por lo menos hasta 1973 y alguna queda en este 2015 que reescribo la nota) y el paisaje es otro con ellas en pie y tiene olor a historia y más que eso a leyenda. Como la que dicen que, a pocas cuadras de allí, donde todavía está la hist´rica casona de Santa Coloma, el mítico lugar en la que los invasores ingleses tuvieron que enfrentar la porimera resistencia en 1806, estaba aún el ombú donde alguna vez atara su caballo don Juan Manuel de Rosas, para hacer una siesta a su sombra. Pero esa es otra historia.

Bernal y Buenos Aires 16 de febrero de 1973 y 1 de noviembre de 2015.
Hugo Murno al pueblo de Bernal, mi lugar en el mundo allá y entonces desde 1945 hasta siempre...