El mercado manda, y la gente, casi siempre, hace caso
Especial para el Periódico Bernales, por Hugo Murno
Cómo todo en esta vida y en este mundo, la Feria del Libro de Buenos
Aires, en su edición número 40 llegó a su fin con éxito de público, público que
prácticamente "invadió" el amplio predio ferial de La Rural, en
Palermo, abarrotó los recintos y recorrió los estans y compró (libros) mucho
más que nunca, a pesar de que los resultados de las pruebas PISA dan
cada vez peor para las representaciones (de estudiantes) de la Argentina.
Total, que el balance final que hacen los organizadores de la FILBA da un 7%
más de ventas. De ventas de libros obviamente. Y no solo el último día, que
hubo impresionantes rebajas. Será cuestión de pensar que la gente lee.
No vamos caer aquí en la falacia de decir que cada vez se lee menos: es
falso de toda falsedad. Y si no miren a su alrededor y vean como todos o casi
todos en a calle, en bares y oficinas, comercios, plazas, en sus casas o aunque
visita en casa de otros (de ustedes o ustedes mismos) no andan pendientes de
que dicen la pantalla del celu o la tablet o cualquiera de los adminículos
con los que estamos hipercomunicados, hiperenterados de lo que está sucediendo
aquí, allá y acullá y leyendo (LEYENDO) wasaps
y mensajitos de texto.
Leer se lee. Y mucho. Y en todo o casi todo el mundo poblado (4.000
millones de teléfonos celulares en un mundo que suma 7.000 millones de
habitantes lo dice todo; y localmente ocurre otro tanto 68 millones de
teléfonos celulares contra 40 millones de habitantes…). Ahora de ahí a que se
lean libros o buenos escritores editados en formato libro (sea cual fuere el
soporto: el viejo y querido de papel impreso o el electrónico o e-reader o
e-book, que para el caso es lo mismo) hay un gran trecho, casi un abismo.
Se lee mucho bueno y malo. Aunque quien es uno para dictaminar qué es
bueno o malo. Se lee mucho de lo que el mercado impone y la gente, en casi todo
los casos (en todos los tiempos y más en estos, en los que el mercado
--capitalista-- indica, marca, impone, manda.
Miles, cientos de miles de nuevos libros (en papel en su gran mayoría,
pero increscendo en soporte digital
en el mundo angloparlante) se editan y publican y distribuyen y venden cada año
en el mundo (en la Argentina acarician los cien mil nuevos títulos analmente y
aquí se está bien atrás en las listas de los países más prolíficos en esta
materia, como en otras).
Porque en realidad de eso se trata o ese es el objetivo último de esta
Feria del Libro, la de Buenos Aires (y toda otra megamuestra que se hace por estos y otros lugares): qué a la
convocatoria respondan cada día más personas y que, por supuesto gasten cada
vez más, comprando (libros y otras vituallas que allí se expenden) además de
pagar una entrada que apenas si ronda los cuatro dólares al cambio oficial
(menos de tres al dólar turista): en argentino básico $ 25 (menores de 12 años
y jubilados gratis).
Objetivo legítimo en este mundo capitalista regido por las leyes del
mercado y por el poder financiero (internacional). Bussines y más bussines,
y la gente responde y adquiere, compra, al contado rabioso o tarjeteando de
todo. Sobre todo por estas pampas signada por la inflación galopante, que ha
logrado que el país se acerque más a aquellos que en todo el mundo fueron
vapuleados por la crisis que se desató en el 2008 y dura todavía, y se aleje de
los otros vecinos, los de aquí nomás, los de la América del Sur y de otros
continentes, que gracias a la suba de la demanda y del precio de los comodities (productos primarios, sobre
todo alimentarios) ha esquivado el fantasma real de la crisis
economicofinanciera y se convirtieron en emergentes con economías consolidadas
y en casi permanente crecimiento, para asombro de tanto gurú o economista
prestigioso del mundo desarrollado.
Por eso es extraño que por aquí se invierta tanto en libros, porque
además los libros están cada día más caros (no así los que se publican
digitalmente y se pueden comprar y leer en soporte e-book o e-reader). Suben
las ventas de libros, hasta los pirateados y vendidos a a vista de todo el
mundo. Los visitantes de la Feria del Libro salen de ella cargando bolsas
repletas de textos impresos en papel, y todos contentos. O casi todos: las
autoridades nacionales no tanto, ya quien no pudieron ni lograr que la Feria se
trasladara a Tecnópolis ni que el primoroso encuentro con la palabra que
pergeñaron unos díuas antes de la inauguración de la 40 edición de la FILBA con
su invitada especial, la ciudad de San Pablo, pudiera hacerle sombra. Tal vez
por eso, poco después, en un sorpresivo acto oficializado por decreto la Secretaria
de Cultura de la Nación se convirtió en Ministerio y su nueva titular se
instaló en el viejo palacete de la
Avenida Alvear, mientras el ex salía presto por la puerta que da a la calle
Rodríguez Peña (por que en la subsede de la Villa de Barracas solo estuvo para
el momento de la pomposa inauguración y nada más). Pero esto merce otra nota.
Buenos Aires, 14 de mayo de 2014