domingo, 30 de diciembre de 2012

La verdad, la verdad, con una mano en el cuore, me alegra que este Gobierno NACIONAL & POPULAR and Progre y Revolucionario KK, ahora proponga PAGARLE A LOS FONDOS BUITRE, porque supongo que TAMBIÉN NOS PAGARÁN A LOS JUBILADOS Y PENSIONADOS CARANCHOS, que destituyentemente osamos reclamar judicialmente lo que CONSTITUCIONALMENTE nos corresponde, y ELLOS y ELLAS que violan la disposiciones de la Corte se hagan cargo de una vez por todas de lo que declaman. Ah, y si el filósofo Feimann cree que lo digo por antiperonista, reitero que quiero ser uruguayo. Joder. Carajo.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Me levanto, tempranito, como (casi) todos los días y salgo a caminar. Caminata gimnástica  que comienza alrededor del zoológico (de Buenos Aires), porque vivo por ahí, soy de clase media y no me avergüenza. Si me avergüenza la imbecilidad humana, la taradeZ de mis congéneres: veo varias pintadas en los muros del zoo diciendo que es una "carcel de animales" y que "el oso murió por estar preso". Me parece que estamos o que están todos en pedo mal. Ah, hasta una pintada de un "movimiento de liberación animal". Vayan chicos vean otra vez Madagascar y tómense otra birra o fumensen un porro... Me parece que el mundo está loco, loco, loco, como decía aquella película de los 60... ¡qué jovato estoy!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Un fantasma recorre Tucumán: el del represor asesino exgeneral y exgobernador Bussi...

lunes, 10 de diciembre de 2012


Yo fui testigo del 10 de diciembre de 1983; y ahora lloro por el presente y el fututo
Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales y espacinsular.org

Aquel día histórico en que se recuperaba la democracia en la Argentina y para los argentinos, fui testigo de muchos acontecimientos que emocionaron hasta hoy: el presidente Raúl Alfonsín, después de asumir en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno y tomarle juramento a su primer Gabinete de ministros, salió a la calle inundada de gente feliz, cruzo la plaza hasta el Cabildo y desde ese histórico balcón saludó a la multitud y anunció su primera medida de Gobierno: el decreto de juzgamiento a las nefastas Juntas Militares y a las cúpulas de los grupos ERP y Montoneros. Ese día, además, se conmemoraba y conmemora el Día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Después sobrevinieron mil y un acontecimientos, de los buenos, de los malos y de los otros. En el mismo Gobierno de Alfonsín –presionado por las circunstancias y las aún fuertes FF AA—se sancionaron las desgraciadas leyes de Punto Final y de Obediencia Debida. Después, ya en otro gobierno democrático, el de Carlos Menem, se dispusieron la amnistía para todos los militares y civiles condenados a perpetuidad por los delitos de lesa humanidad debidamente comprobados y juzgados. Después se siguieron produciendo hechos de toda índole, alrededor del mismo tema. Ni hablar de lo no sucedido durante el lamentable gobierno de De la Rúa o el interregno de Duhalde (por no hablar de los cinco presidentes en tres días, uno de los cuales dispuso el, entonces muy aplaudido y celebrado default que hoy lamentamos y cuyas consecuencias padecemos.

También después vinieron a gobernar dos abogados, durante la dictadura que asoló al país entre 1976 y 1983, no presentaron un solo habeas corpus a favor de algún detenido-desparecido (y eso que hubo treinta mil) ni formaron parte de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), de la que sí fundaron e integraron, los abogados Alfonsín, Menem, y otros no expertos en leyes, ciudadanos simples y comunes, dirigentes políticos y sociales, Deolindo Bitel, Ítalo Lúder, Oscar Alende, Simón Lázara y muchos otros que se caracterizaron por sí hacerlo (presentar habeas corpus, defender detenidos políticos y sociales y gremiales) sin cobrar un solo peso por ello.

Imposible negar que los últimos nueve años, bajo la égida de los gobiernos de los abogados Néstor Kirchner y Cristina Fernández, se reimpulsaron las causas contra los autores de crímenes aberrantes, secuestros, torturas y asesinatos perpetrados por militares y civiles durante aquellos años de plomo (1976-83). Sería injusto negarlo o ninguneralo como acostumbran hacer las actuales autoridades gubernamentales que piensan y creen y pregonan que del tema derechos humanos nadie se ocupó hasta que ellos llegaron a la Rosada. Ellos que reivindican ahora, como gran figura histórica a un reconocido tirano, como fue el brigadier general Juan Manuel de Rosas, que supo gobernar con mano duras y con la Suma del Poder Público, hasta que hubo d renunciar y asilarse precisamente la denostada Inglaterra, donde murió ya octogenario. Admiran a Rosas y se llenan la boca pregonándose defensores de las libertades públicas, mientras actúan como lo hace cualquier populismo: aplaudiendo y reverenciando, casi endiosando a quien detenta el poder.

Yo fui testigo del 10 de diciembre de 1983. Y hoy me duele el presente. Y temo por el futuro. El de todos. Y todas.

domingo, 9 de diciembre de 2012



  • La frase (robada a Julio Blank):
    "Noticia es lo que no queremos que se publique, todo lo demás es propaganda", dicho por Lula, cuando era presidente del Brasil, en rueda de prensa...

sábado, 8 de diciembre de 2012


Y sí: HAY QUE TENER MEMORIA
El 7D en que el kirchnerismo fortificó el poder al Grupo Clarínhttp://www.perfil.com/contenidos/2012/12/07/noticia_0028.html
Hace exactamente cinco años, el expresidente Néstor Kirchner aprobó por decreto la fusión Cablevisión-Multicanal. Quién se oponía. Cómo cambió la relación.
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  • Ricardo Fernández Gaia le gusta esto.
  • Ricardo Fernández Gaia Si hay que tener memoria Hugo: como puse por ahí, este señor ¿señor? de la derecha es una basura y el grupo, desde Perón para acá transó y se peleó con todos (fue, de hecho, el gran favorecido por la confiscación de La Prensa en los '50) y ahora está esperando pacientemente cualquier cosa que pase, porque en unos poquitos años va a recuperar todo con una jugosa indemnización que pagaremos en conjunto...

domingo, 2 de diciembre de 2012


 CON LOS JUBILADOS TAMBIÉN SE CEBA LA PRESIDENTA ARGENTINA

Señora carancha, piense aunque más no sea en su madre (antes de hablar y apostrofar fascisticamente):

Hugo Murno compartió la foto de CÓMO ME PUEDE LA CELESTE Y BLANCA (Oficial).
RESPUESTA DE UN JUBILADO A LAS PALABRAS DE CRISTINA

"DE UN BUITRE A LA HIJA DE LA CARANCHA"

Sra. Caranchita: quien le contesta a sus groseras ofensas a millones de jubilados argentinos llamándolos buitres y caranchos es uno de los buitres
y caranchos que anidamos desde hace 40 días en la Carpa de la Dignidad en Plaza Lavalle, reclamando a la Justicia la devolución de lo que su Gobierno nos roba.
Quiero informarle que a esos que Ud. llama buitres son personas que trabajaron toda su vida brindando con su esfuerzo y sacrificio grandeza a nuestra Patria.
Hay buitres y caranchos como nosotros, los que trabajamos y buitres y caranchos como Ud. y todos los que ayer la acompañaban, festejando sus disparatadas apreciaciones hacia jubilados y pensionados, a los cuales se los puede calificar de carroñeros VIP ya que pueden delinquir sin condenas, apretar magistrados, recusar a jueces inconvenientes para sus ruines designios y hasta enriquecerse escandalosamente en tiempo record, sin que esto sea investigado cuando en la Argentina cada día hay más pobreza.
Por supuesto, después de sus ofensas no nos queda otra, que expresarle que en la Argentina suya son de un ciudadano para gozar de un derecho constitucional debe iniciar un juicio, demuestra a la claras, su falta de respeto a los derechos constitucionales de los argentinos.
Si estos Jubilados a los cuales Ud. califico brutalmente, hacen juicio es porque Ud. y sus cómplices les roban lo que la Constitución les garantiza. También me gustaría recordarle, que todo lo que explico sobre cómo se manejan los fondos buitres, lo hace por su experiencia junto a su marido en Santa Cruz donde, circular 1050 mediante muchos pobres perdieron todo lo que tenían por el accionar de los Buitres.
Permítame agregarle, que más allá de su mensaje “patriotero” lleno de injurias para lo que hicimos la Patria trabajando Ud. obvió y condolerse por los muertos que ocasionaron la corrupción de sus ministros en el crimen de Once, donde 52 Argentinos perdieron la vida, sin embargo, la vimos casi lagrimear cuando habló sobre la nueva muerte de un Español que iban a desalojar de su vivienda, olvidándose de los miles de argentinos que mueren por la inseguridad y por la cual millones de argentinos marcharon el 8 N y a pesar de ese reclamo Ud. al otro día consideró que los hechos más importantes fueron el triunfo de Obama y el Congreso del partido comunista en China.
Y para terminar le sugiero que sincere su genealogía porque si nosotros somos buitres y caranchos, Usted tiene como madre una carancha VIP que logró en menos de 2 años que le actualizaran el haber y le pagaran el retroactivo; para que eso ocurra a nosotros los pobres Jubilados nos lleva de 12 a 20 años y muchos mueren sin poder cobrar y así que de carancha madre=caranchita hija. Por algo será que con una pensión graciable Ud. cobró en el año 2011 $420.000 por la muerte de su esposo ¿sabe en cuantos años un jubilados cobra ese dinero? En 18 años y ese dinero sale de la Anses.
Caranchos más Caranchos menos, ¿quiénes son por sus actitudes los caranchos y buitres?

Rubén Gioannini
Presidente Mesa Nacional de Jubilados, Pensionados y Retirados de la Rep. Arg

martes, 20 de noviembre de 2012

Paren, dejen de matarse ya
con los chicos no por favor
Foto: invito, e invitemos a todos repetir esta foto en todos los muros, es solo un click pequeño para la maquina pero un gran cambio para la humanidad (sorry Neil)

FotoFoto: ‎Paz – Peace – Paix – سلام – שלום‎

miércoles, 14 de noviembre de 2012


¿Y ahora qué? UN NO DIÁLOGO DE SORDOS


 
                    ( por Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales)-

Pasó el 8N y nadie puede decir qué no se enteró –de lo que esa tarde/noche sucedió, aquí y en casi todos los rincones del país, ciudades grandes, medianas, pequeñas, pueblos y vecindades se vieron desbordadas de gente reclamando y disintiendo democráticamente y la máxima autoridad de la República  la presidenta Cristina Ferández dijo, públicamente y por cadena, que ese día había pasado algo importante: la reunión del 18 Congreso del Partido Comunista Chino. Sí esto no es un diálogo de sordos se parece muchísimo. Más allá de lo que digan exultantes marchistas y denigratorios oficialistas (el más suave fue el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, que aseguró que “la presidenta (Cristina Fernández) tomó nota tácitamente” (sic).
La primera opinión, el primer comentario que aquí arriba consignamos, el de la señora Jefa del Gobierno Nacional, parecía un mal chiste, una ironía berreta, pero la del director de la BN (¡nada menos!) directamente se burla de todos. Y de todas.
Lo acaecido ese jueves histórico (aunque 678 provocativamente lo minimizara) en el que más de 2 millones de personas se movilizaron casi sin insultar, pidiendo ser escuchados y que los receptores de sus decires, pedidos y reclamos ls escuchen y rectifiquen su rumbo (no que dimitan, no que se vayan) no es para ignorarlo ni para mofarse. Menos cuando se detenta la más alta investidura constitucional del país. Ahí existe un límite: quien gobierna, en nombre del pueblo, para todos y para todas, no pueden jugar y hacer ironías verbales. Quienes la acompañan y aplauden mecánicamente tampoco. Pero quienes salieron a las plazas y calles del país tampoco pueden sentarse sobre su presunto éxito, sin arrimar una propuesta y una idea sobre el cómo hacerlo. Quien deba hacerlo es otro cantar, para eso, en una democracia constitucional como la que transcurrimos –con defectos y errores y falencias— son los partidos políticos, hoy decididamente devaluados, desconcertados, cuasi al borde de la parálisis y la extinción. Pero son ellos y sus dirigentes quienes deben tomar la posta, la antorcha, y bregar por el cambio en paz, mediante los mecanismos que las instituciones prevén para ello y, por sobre toda otra vía, mediante el diálogo. Aunque sea con los falsos sordos y sordas que gobiernan y a veces parecen autistas más que autócratas. 
Muy bien lo señaló, en una pequeña nota de opinión periodística el sociólogo Marcos Novaro: “Nadie le pidió a la Presidenta o al Gobierno que se vaya sino que modifique sus políticas sobre la inflación, la prensa, sobre la corrupción y sobre la Justicia.”.

 Una democracia admite que quienes son gobernados acompañen o no las acciones de los gobernantes, las aprueben si les satisfacen o las cuestiones cuando no. Y nadie puede apostrofar aquello ni salir a decir que quienes lo hacen lo hacen impulsados o engañados por intereses espurios o que son de ultraderecha o añorantes de la dictadura…

 Una democracia es un sistema en el que se puede disentir y decirlo sin que a uno se lo reprima, pero es un sistema en el que los gobernantes escuchan y responden, no un régimen en el que hacen como si oyeran llover y se preocuparan por lo que pasa en la China (un país dos sistemas), que, además queda muy lejos. Más lejos que Ghana.

martes, 13 de noviembre de 2012


Cómo no compartir...
Daniel Barenboim: "El diálogo es lo único que nos puede salvar"
Sigue con su apuesta por la paz en Medio Oriente a través de la música -> http://a.ln.com.ar/TCOLJ3
¡Me Gusta si apoyás su proyecto!

domingo, 11 de noviembre de 2012


aviso a todos y todas: 
este fu el último finde que compro y leo, de cabo a rabo, el "progre" diario español El Pais. Que vayan a tomar por culo y se queden sin mis pesillos para paliar la crisis por la que atraviesan y se ceban despidiendo casi 150 periodistas de "la plantilla". A cagar, cabrones, no cuenten más conmigo. Cómo si a ellos les importara; pero por lo menos me solidarizo con aquellos compañeros represaliados. A ver si mis "admirados" J. Marías, Almuneda Grandes, Maruja Torres, Elvia Lindo, Antonio Muñoz Molina, Manuel Vincent, Juan Cruz, y algunos otros hacen un gesto, por lo menos). Chau

miércoles, 24 de octubre de 2012


Hugo Murno compartió el estado de Gabriela Cabezón Cámara.
Hace 19 minutos
Carajo: deberían darle una pensión por su trayectoria cultural, por lo menos.
Me escribe Cucurto contándome que Jorge Alvarez, enorme editor de libros y discos, necesita una mano a sus 80 años. Por favor difundir:

El mítico editor Jorge Alvarez, alguien a quien le debemos un montón por haber editado por primera vez a Piglia (La invasion); a Rodolfo Walsh (Los oficios terrestres), a Manuel Puig (la traición de Rita Haryworth), a David Viñas, y a muchos más, está en Buenos A...
Ver más

viernes, 19 de octubre de 2012


Elogio del cuento:
No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
Horacio Quiroga
Decálogo del perfecto cuentista

martes, 16 de octubre de 2012


El Día X

Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales


Al cierre de esta edición, los habitantes de la Argentina se preparaban para………. (llenar la línea de puntos). Objetivamente visto –como podría hacerlo un estudioso extranjero o un analista de antropología política internacional o meramente una persona de sentido común, la actual situación de encendida y no disimulada exacerbación de los ánimos, llevada a cabo por los dos bandos (¿qué otra cosa son sino?) en que parece haberse dividido el país, es alarmante, de cuidado, de temer.
El omnímodo Poder Ejecutivo, la Presidencia de la Nación, las usinas del oficialismo gobernante no paran de anunciar que todo se acaba (y comienza una nueva era feliz) el 7D. Los de la vereda de enfrente (imposible catalogar a ese sector como oposición) se desganita anunciando un 8N que poco menos que habrá de restaurar la libertad.
Ni tanto ni tan poco.
Quienes detentan la conducción del gobierno nacional y buena parte de los gobiernos provinciales y municipales, como así también los otros dos poderes del Estado y sus aláteres, seguidores casi fundamentalistas, no han entendido hasta ahora que el 54% de los votos legítimamente obtenidos hace un año, no significa nada más que esa es la suma de voluntades a su favor, para que gobiernen en una determinada dirección. Pero eso, en una democracia republicana no significa otra cosa que aquello y no que la mayoría abrumadora de votos avala la asunción de la suma del poder público. Ni la estigmatización de los que piensan diferente y osan decirlo en voz alta.
Por otra parte, quienes el (famoso) 13 S , se atrevieron a salir a las calles y plazas de la República a manifestar su descontento con el actual estado de cosas y, fundamentalmente, contra el abuso de poder por parte de las actuales autoridades de Gobierno, no pueden pretender arrogarse el poder de cambiar las cosas de la noche a la mañana por tan solo un acto voluntarista.
Ambas facciones están equivocadas.
La historia nos muestra esto una y mil veces, con solo saber leer la historia. En la Argentina, en un pasado no muy lejano, una mayoría abrumadora (fueron un puñado de miles de votos en realidad) le permitió al brigadier general Juan Manuel de Rosas, gozar de la suma del poder público y gobernar con mano de hierro. Así le fue al país.
Recientemente, no hace aún dos años, una ola libertaria recorrió buena parte de los países árabes, regidos por autócratas –muchos de ellos “elegidos mayoritariamente”—qué durante décadas impusieron a sangre y fuego la ley del más fuerte –con el aval, por cierto, de las grandes potencias hegemónicas, dueñas del poder político y económico mundial--. Aquellas gentes que se autoconvocaron por las novedosas redes sociales (como aquí) salieron a las calles y plazas de sus países, voltearon a los gobernantes, pero no lograron torcer la férrea dirección de políticas de estado que no los satisfacen ni mejoraron sus vidas allí.
Algo similar sucede, hasta ahora, con los indignados que recorren esporádicamente las calles de Europa.
Es que no basta con llamar a la protesta, convocar a los disconformes –sin discriminar sobre qué piensan y representan cada uno de esos disconformes y porqué lo están y qué pretenden--. Cómo tampoco es el camino el negar la realidad, hacer como si el descontento no existieran, como si el reclamo de cambios fuera dicho en broma, y pegar verdaderos manotazos de ahogado subiendo la apuesta y apelar al vamos por todo y hago lo que hago porque se me canta y me avalan las mayorías populares (¿?)
Ni el 8N será el momento del gran cambio –sin propuestas claras ni organizaciones que sustenten nada más que expresiones de deseos--. Ni el 7D será la madre de las batallas: hubo una vez un día en que hordas de “militantes” asaltaron radios y canales de televisión y los estatizaron, en nombre de un gobierno popular. En realidad en aquel entonces la presidenta Isabel Perón estaba pintada y el que detentaba el poder era un tal José López Rega, un excabo de la Policía Federal elevado a comisario general y Ministro de Bienestar Social por el presidente Perón, pero que en verdad era el mentor y jefe de una banda que aplicaba el terrorismo de estado en la Argentina setentista, la nefasta Triple A. Y así le fue al país, por segunda vez.
Debemos apelar una vez más a aquello de que la historia no se repite, por que, en todo caso,  el drama se convierte en comedia. Tragicomedia en realidad. Y ya se sabe que “la única verdad es la realidad”.

Buenos Aires 16 O de 2012

viernes, 28 de septiembre de 2012

Me fuí a dormir anoche, 27 S, y me despierto hoy, viernes 28 S, para enterarme que la Argentina, de Kristina y Timerman, Héctor ahora "negocia" con Irán, del fascistafundamentalistaantisemita Anamidejan, para "investigar" el atentado a la AMIA y "llegar a la verdad". Cómo si la Justicia (¿independiente?) argentina no lo hubiera fallado ya y acusado a los funcionarios iranies con pedido de captura internacional. Me parece que me voy, pero no a domir: me voy de este país de mierda camino al fascismo fundamentalista antisemita a través del pupilismo que gobierno hoy y busca ser reelecto. Chau, lo siento por mis amigos progres que la apoyan.

martes, 18 de septiembre de 2012

Opinión
Ni mudos ni sumisos: no todo el que discrepa y protesta, fue o es partidario de la dictadura ni propicia un golpe de estado
Hugo Murno, poeta argentino, colaborador espacinsular
BUENOS AIRES, Argentina, 18 de septiembre de 2012.- El pasado jueves 13 de este mes de septiembre, en el que la primavera parece querer anticiparse en Buenos Aires, al caer la tarde (las 19 aproximadamente) el batir de cacerolas, sirenas y bocinas, acompañaron una marea humana que se volcó a las calles y plazas de la capital argentina y otras ciudades y pueblos de todo el país, en una marcha de protesta y disenso con las autoridades nacionales y algunas de sus últimas medidas, como el intento nunca negado de reformar la Constitución para imponer la reelección indefinida que permita a la actual Presidente Cristina Fernández eternizarse en el poder.
Fue un acto absolutamente espontáneo, convocado o autoconvocado a través de las redes sociales –que mostraron una eficacia intercomunicacional ya probada en actos y marchas de protesta similares, habidas en los países árabes hace ya más de un año y medio, en las concentraciones de los indignados, que empezaron el 15 de mayo en Madrid, España y hoy se replican por toda Europa y hasta se hicieron sentir fuerte en Nueva York, en la mismísima Wall Sthreet—. No hubo consignas unificadoras, ni banderas, tan solo algunas pancartas y cánticos y gritos, a veces agresivos e insultantes, en contra de algunas medidas extemporáneas adoptadas por la actual administración (que reasumiera el pasado 10 de diciembre de 2011, tras el abrumador triunfo, por el 54% de los votos, emitidos a favor del Frente para la Victoria, un neoperonismo sin Perón, autoproclamado Nacional & Popular, progresista y hasta “revolucionario”), entre otras la de poner un virtual corralito a la adquisición de cualquier moneda extranjera, en especial dólares americanos, dificultando el comercio exportador y restringiendo las importaciones de insumos básicos para la menguada industria argentina; la persistencia de la negación de una inflación que supera el 25% anual (las cifras oficiales apenas aceptan un 8% y prohíben a las consultoras dar a conocer cifras de medición de precios y costo de vida) y la burda pretensión de facilitar la reelección eterna de la actual presidente Cistina Fernández de Kirchner, reformando la Constitución nacional; a más del abuso de la utilización de la cadena nacional de radio y televisión para que la Presidenta haga permanentes anuncios o inauguraciones, escrache (denuncia pública)) a quienes osan criticarla aún y hasta amenace a sLs gobernadores de provincia y otros funcionarios y al pueblo en general a que le “tengan miedo sólo a dios y un poquitito a mi (a ella)”.
No fui a la plaza, no salí a la calle ni a cacerolear al balcón, prefiero protestar como mejor se hacerlo, por medio de la palabra escrita; por algo uno escribe y es periodista profesional. Porque además no coincido con algunas de las consignas convocantes a la manifestación de protesta colectiva que se vivió el jueves 13 de septiembre pasado, que inundó calles y plazas de todo el país, más allá de que el oficialismo y su aduladores hayan querido ignorarla, negarla, no mostrarla.
Porque eso fue lo primero que se trató de hacer, por parte del Gobierno y sus seguidores: hacer de cuenta que no pasaba nada, siguiendo aquel viejo axioma de que “de lo que no se habla no existe”. Ya lo había dicho en su momento el exgeneral y dictador sanguinario Jorge Rafael Videla “los desparecidos no están, no existen…”; tal como el gobierno de esa trágica dictadura que lo tuvo como presidente dispusiera, en una de sus directivas a la prensa, allá por abril de 1976, que ERP y Montoneros debían “escribirse con minúscula, para restarles identidad…” (de restar identidad y desaparecer gente sabían mucho aquellos asesinos que usurparon todas las instituciones de la República). Algo así como en su momento hicieran los detentadores del poder tras la llamada Revolución Libertadora de 1955: dispusieron, por el famoso decreto 4161, que no se podía nombrar a Perón ni al Partido Peronista o Justicialista ni ninguna otra palabra o expresión que aludiera a aquellos.
Quien esto suscribe ha vivido muchos años bajo gobiernos autoritarios, dictaduras y dictadorzuelos, y hasta presidentes democráticamente elegidos que se trastocaron en autócratas cuasi mesiánicos. Años vividos con temor, con miedo, sufriendo restricciones, prohibiciones y censuras (no pudiendo ver tal película o leer tal libro ni manifestar libremente las ideas propias, sobre todos si tenían algún sesgo izquierdista); este cronista también tuvo temor, miedo, como profesional que vio muchas veces cercenada la libertad de expresión, y la detención, encarcelamiento, desaparición y asesinato de muchos, muchísimos compañeros trabajadores de prensa por defender aquella libertad recuperada junto a otras y a la democracia a partir del 30 de octubre de 1983.
Por eso entiendo y concuerdo con todos aquellos que salieron (o los que como yo no lo hicieron) el 13 s, a decir en voz alta que no queremos que nos impongan nada: ni trabas de ninguna naturaleza ni reelección indefinida de ningún gobernante (la forma republica de gobierno se caracteriza por la alternancia en el poder). Ni tampoco que, quien detenta el poder legitimante, ungido por abrumadora mayoría, pretenda imponer sumisión y que se le tanga “un poquito de miedo”.
Por aquello fue por lo que salieron los que salieron y protestaron (y protestamos), absolutamente autoconvocados, a travez de esa nueva herramienta ciudadana, las redes sociales, superando instancias mediadoras como podrían ser los medios independientes o no adictos, y tampoco siguiendo a líderes o a estructuras partidarias de la oposición que mostraron una ausencia autista que dice muy bien que están crisis casi terminal. Así salieron los que lo hicieron, más allá de que lo hicieran golpeando cacerolas o estuvieran más o menos mejor vestidos o vivieran en barrios caros o en lugares de clase media, de cualquier ciudad del país; qué además, ya se sabe: en la Argentina casi el 90 por ciento de la población es urbana y de ella un 76 por ciento pertenece a la clase media, algo por lo cual uno no debe avergonzarse. Y no es verdad que todos los que manifestaron el 13 s defendían solo sus dineros o protestaban por no poder comprar dólares. Y tampoco que todos los que salieron defendían a la pasada dictadura ni propiciaran un golpe de Estado, más allá de que hubieran voces que se expresaran en ese sentido y otras que insultaran soezmente a la Presidenta de todos y todas los argentinos y argentinas.
No es cuestión de estigmatizar a los que no piensan como uno, la política y la vida en democracia no es algo blanco o negro, hay matices, hay discusiones, hay discensos, hay acuerdos, hay respeto por el otro y por lo que piensa y/o expresa el otro. Sino caemos en el autoritarismo, en el mesianismo, en el fundamentalismo; denigrando al otro, y adulando a los propios, más allá de los desaciertos y aplaudiendo el despotismo, se va de la mano del populismo directo al fascismo. Por favor reflexionen/reflexionemos: los que no piensan como el actual gobierno no son enemigos, son personas que quieren otra cosa, nada más que eso; y que tienen/tenemos derecho a expresarlo. Sin temor a hacerlo. Ni mudos ni sumisos: diferentes.

domingo, 29 de julio de 2012

La chica y su c ontrabajo


La chica y su contrabajo (o: La chica del contrabajo en el avión de París a Lyon, de CP)
Hugo Murno


No suelo mirar las noticias por la tele mientras como, pero hoy hice una excepción en el almuerzo. Quería ver, en directo, el encendido de la llama olímpica y su partida desde Grecia rumbo a Londres, Así supe que la trasladaban en avión –encendida y todo—ocupando un asiento, amarrada con el cinturón de seguridad, como un pasajero más. Y no pude menos que acordarme de la chica del contrabajo en aquel avión alemán. Porque fue en un avión de Lufthansa, cuando mi último viaje, a Alemania, hace ya tres años, iba todos los años, se acuerdan, a los seminarios intensivos de quince días que se hacían en la sede central de la empresa, alemana, en la que trabajaba. Hasta que me jubilaron. Iba siempre en class bussines, en vuelo directo y desde Frankfurt en tren hasta Erlangen, con trasbordo en Nürenberg.  Pero aquella última vez hice un periplo distinto. Había salido de Buenos Aires muy sobre la fecha del coloquio –siempre viajábamos, desde todas las filiales del mundo, como para llegar por lo menos un día antes del comienzo--; por aquello de la estricta puntualidad alemana, querían asegurarse que habíamos llegado todos los ejecutivos convocados antes de iniciar el encuentro. Yo me había demorado por los avatares de último momento que precedieron al nacimiento complicado de los trillizos, hijos de mi hijo, mis primeros nietos (esos detalles los conocen), y salí con el tiempo menos que justo. Por eso cambié el habitual viaje en tren, y opté  por hacer ese tramo Frankfurt-Nürenberg, en avión. Un vuelo doméstico de la misma compañía. Que salió muy demorado, lo que implicó una larguísima espera, en tránsito.

A la chica del contrabajo la vi. recién en el sector de espera de ese segundo vuelo. Pero resultó que ella venía desde Buenos Aires, en el mismo avión que yo. En clase turista. Después conocí los detalles: qué había llevado todo el tiempo consigo a su enorme, pesado, difícil de maniobrar, instrumento musical. No lo había despachado por bodega, qué va, viajaba siempre a su lado –me aseveró, más tarde—ocupando una plaza pagada. Y, claro, con el cinturón de seguridad abrochado,  sosteniéndolo contra el respaldo del asiento, inevitablemente reinclinado, dadas las dimensiones de semejante instrumento. De cómo se las había arreglado el pasajero de la fila de atrás para poder comer no me dijo nada. Pero me las imaginé.

Ella y su contrabajo viajaban siempre así. Las peripecias que vivieran la chica con su contrabajo en el vuelo directo de Buenos Aires hasta Frankfurt también las conocí después, pero las del de cabotaje que compartimos pasillo por medio me hacen suponer que deben haber sido similares. Y que ella estaba acostumbrada a vivirlas. Esto último si lo supe de su propia boca. Las dos y únicas azafatas de la pequeña aeronave tardaron en comprender lo que estaba sucediendo o lo que intentaba hacer la chica con su contrabajo, a pesar de que ella hababa perfecto alemán. Los demás pasajeros contemplábamos la escena sin saber que hacer ni decir. Por supuesto el artilugio que hace de pie/soporte del contrabajo, que es extraíble, se lo quitaba, de no hacerlo así no hubiese entrado por el alto de ninguna cabina de ningún avión. Casi no puede hacerlo en la cabina del que abordamos, interminables horas después, para el vuelo de venticinco minutos que nos llevó a destino, A Nürenberg en realidad, terminal aérea de esa ciudad, distante poco más de veintiséis kilómetros de Erlangen, mi destino. Y también el de la chica y su contrabajo.

En Nürenberg me esperaba un pequeño bus de la empresa. No se como se trasladó, con su contrabajo hasta Erlangen la chica aquella, pero mi sorpresa fue encontrarla instalada en el mismo pequeño hotel Inge, en el que me había hospedado todos los años. Quedaba en un  barrio alejado del centro de la ciudad y también de la sede de la empresa. Era un barrio bohemio, más cálido, acogedor, de pocos edificios y muchas casas muy viejas que se levantaban en sus callejuelas, casi todas cubiertas con el mismo empedrado desde antaño, muchas de ellas terminando abruptamente en algún patio trasero de alguna casa o una cervecería o una aphoteke… En muchas de esas calles había pequeños teatros, bares poblados día y noche por jóvenes y no tanto, gente muy bohemia, estudiantes, pues esa es una ciudad universitaria. El hotelito aquél estaba en una de esas calles, frente a un guardacoches transformado en  teatro llamado El Garaje (así, en español), al lado de un café literario llamado igual, y en la esquina sentaba sus reales una vinoteca en la que podía apurarse un par de copas de pie en una barra siempre poblada. Me encantaba ese lugar, y en el Inge me esperaban año tras año, para esas fechas.

Mucho mas interesarme fue conocer qué la había llevado hasta allí, hasta Alemania y hasta el mismo destino que el mío. Saber que era concertista, que haya estado becada estudiando música y especializándose en  contrabajo, en el país de sus mayores, después de haberse educado musicalmente desde su niñez en  su Quilmes natal, en el que sus padres regenteaban un colegio de esa comunidad y que su abuelo, emigrante en su niñez, junto a su familia, había continuado los pasos de su bisabuelo y montado una acería que después llevó a la quiebra, en una de las tantas crisis económicas del país sudamericano elegido.

Ella –Ilse-- tenía 27 años, ya había estado en esa zona de Alemania perfeccionando sus estudios musicales y ahora llegaba con un contrato para integrarse a la sinfónica local. Todas las ciudades y poblaciones medianas que se precien suelen contar con una orquesta sinfónica, y un coro de adultos y otro de chicos y un elenco estable de teatro, todos dependientes del erario municipal. Por lo general son muy buenos. Las orquestas juveniles también. Al igual que, en esa pequeña ciudad lo son los grupos teatrales independientes. Doy fe.

Que dos argentinos coincidan en un pequeño hotel de una ciudad pequeña, y que los dos hablen a la perfección el idioma del país anfitrión, hace in evitable el cruzar más de cuatro palabras, más que el saludo en el desayunador, más que la amabilidad propia de dos personas educadas. Mi alemán fue perfeccionándose durante toda mi vida laboral pasada en la misma empresa, ustedes lo conocen muy bien; ella, Ilse no necesitaba haberlo aprendido en ninguna escuela: era la lengua de sus ancestros, la que se hablaba permanentemente en la casa donde nació y se crió. Todo eso lo supe enseguida, por boca de una de las mucamas, así conocí más detalles de su vida y el porque de su venida y estada allí.

 Salvo el hecho de viajar trasportando el enorme instrumento y que nos alojáramos en el mismo lugar, qué una joven argentino-germana coincidiera con mis desplazamientos no podía haberme llamado la atención. Sí lo pudo hacer el hecho de que días después, noches más tarde en realidad, descubriera que era ella la que estaba entrando en el café aquel que les conté, el que estaba al lado del teatrito El Garaje. La entrada de un tropel de músicos jóvenes en el lugar distrajo mi atención puesta en la sopa de lentejas rojas que me aprestaba a tomar. El frío se coló con  ganas cuando esos seis o siete chicas y muchachos traspusieron las puertas todos juntos y, sobre todo cuando hubieron de mantenerlas abiertas, las de afuera y las de adentro, para que pudieran entrar Ilse y su contrabajo. Nuestras miradas se cruzaron y, creo que fue al día siguiente o tal vez fuera dos días después, supe que ella integraba la sinfónica que debutaba el jueves, precisamente una noche en que no tenía programada ninguna actividad. Fui a escucharla.

La sonoridad de un contrabajo es sumamente grave, potente, imposible de no percibir cuando en el instrumento alguien ejecuta un solo. Y eso era lo que escuchaba esa tarde, al día siguiente de la noche del concierto, cuando me adentré en el  bosque. Toda ciudad, todo pueblo, por minúsculo que sea está erigido a la vera de un bosque. Toda Europa, cuando todavía no era Europa, fue un solo y gigantesco bosque, y los que subsisten son celosamente cuidados y protegidos por todos los habitantes de la mayoría de los países que ahora sí forman eso que ha dado en llamarse UE y que por estos días sufre temibles resquebrajamientos.

En un recodo de uno de los caminitos que surcan el bosque aledaño a Erlangen, allí, en un claro y al fondo de una pequeñísima hondonada, Ilse tocaba embelesada su contrabajo. Lo tocaba, lo abrazaba con su forma de sostenerlo y con la delicadeza con la que deslizaba el arco sobre las cuerdas del afinado instrumento. La tarde estaba destemplada, como para que hubiese muchos caminantes como habitualmente se da en aquellos lugares. En realidad solo me encontraría yo contemplando y escuchando en  ese sector. Y ella no lo sabía. Tampoco le importaba demasiado. Estaban ella y su contrabajo. Y eso era lo que contaba.
Veinte o treinta minutos después dejó de tocar. Pero siguió acariciando a su contrabajo Acariciándolo, casi como a una persona. Y hablándole, quedamente, como susurrándole, con intervalos como sucede cuando dos o más personas se encuentran conversando. Eran dos personas hablando. Por lo menos una hablaba. La otra escuchaba. El contrabajo parecía hacerlo.

Me impresionó. Mucho. Había pensado seguir allí, tal vez con la esperanza de volver a oírla interpretar su música en su contrabajo, pero esa actitud de ella para con el instrumento me produjo cierto escozor, que no supe, en ese momento, a qué atribuir. Me fui, tal como había llegado, caminando lentamente y así llegué al hotelito y me encerré en mi habitación.

Esa noche tuve pesadillas; me desperté dos o tres veces asustado, empapado de sudor. Volvía a dormirme y volvía a tener los mismos horribles sueños: Ilse cruzaba la esquina de la avenida cercana al teatro municipal y un camión sin frenos la atropella a ella y a su instrumento. El contrabajo quedaba intacto y ella moría aplastada bajo las ruedas del pesado vehículo. El sueño se repetía, pero en esta otra vez el destrozado era el contrabajo y ella salía ilesa, pero no lo podía soportar y terminaba arrojándose al paso de un tren. A la siguiente vez los dos, la chica y su contrabajo terminaban despanzurrados en el medio de la calle, los gritos eran espantosos y las escenas, en uno o en otros resultaban insoportables. Para mí.

Esa mañana me adelanté a tomar el desayuno, estuve allí cuando recién habilitaban el lugar. Necesitaba llenarme de café y despejar mi cabeza. Ilse llegó casi tras mío. No pude menos que saludarla, casi con alegría al verla en perfectas condiciones. A los dos. El contrabajo, su contrabajo que la acompañaba siempre y que ella ubicaba frente suyo al otro lado de la mesa, también lucía espléndido, lustroso. Era evidente que ningún camión los había atropellado.

Volví al bosque. Volví a ver a Ilse y escucharla sacarle mágicos acordes a su contrabajo. Volví a verla acariciando su contrabajo. Volví a soñar. Las pesadillas se repitieron, iguales. Ahora todas las noches. Tres noches angustiosas soñando horribles pesadillas: otra vez el camión sin frenos se precipita calle abajo, en pendiente, como la que corta la callecita del hotel; otra vez Ilse y su contrabajo quedan bajo las pesadas ruedas de la mole descontrolada; otra vez el contrabajo destrozada; otra vez Ilse, que no soporta esa pérdida, se arroja al paso de un tren. Y, otra vez también la que queda aplastada y muerta por el camión sobre su cuerpo es Ilse y el contrabajo no sufre ni un astillamiento. Otra vez los dos, Ilse y su contrabajo son despanzurrados por la bestia mecánica, la caja destrozada, destripadas sus cuerdas, Ilse inerte en un charco de sangre. Gritos, gritos, gritos. Aullidos de mujer, deben de ser de una vecina o una paseante al presenciar la escena. Gritos, descontrolados, agudos, lacerantes Y n o estoy dormido; estoy en el baño frente al espejo, la cara con espuma de afeitar, dispuesto a rasurarme en esta gris mañana que anticipa el otoño. Los gritos suenan demasiado cercanos, no provienen de la calle sino del pasillo al que dan las habitaciones. Ahora, además se escuchan pasos apresurados como de dos o tres personas que corren hacía donde provienen los gritos. Lo estoy viendo, he interrumpido mi afeitada, he salido al pasillo, semicubierto mi cuerpo, y veo un tropel de gentes agolpadas en la puerta de la habitación de Ilse en diagonal a la mía. Los gritos no cesan, son más fuertes y son más, ya no es solo un a mucama la que los profiere, son dos tres, es también el conserje de día. Alguien, con mayor sensatez dice hay que llamar a la sanidad y a la policía. Cruzo el pasillo, me abro paso entre las dos figuras que taponan la puerta y logro pasar. Veo a Ilse, yace muerta abrazando a su contrabajo, asiéndolo con sus brazos y piernas que rodean al cuerpo ancho, curvilíneo de ese instrumento.



Buenos Aires, 26 de julio de 2012