Paso a paso, afianzando la democracia
Hugo Murno, especial para el Periódicos Bernales
El próximo domingo 9 de agosto se celebrarán las
Paso generales en todo el país; desde abril ya se han realizado más de una
docena de comicios (14 creo) en los que se eligieron autoridades locales (desde
concejales, intendentes, Jefes de Gobierno y hasta gobernadores provinciales)
en un verdadera afianzamiento de la democracia que impera en la Argentina desde
hace 32 años, desde aquel 30 de octubre de 1983 cuando mayoritariamente la
ciudadanía dijo basta, nunca más a la dictadura cívico militar que, una vez
más, se había enseñoreado en la República.
Y el 25 de octubre de este año 2015, nuevamente el
pueblo (me parece espantoso eso de “la gente”), los ciudadanos y ciudadanas y
hasta los menores de más 16 años, irán a las urnas, una vez más convocados para
elegir quien regirá los destinos de este país hasta 2019. Y entonces, en ese futuro
no tan lejano de cuatro años, otra vez se volverá a poner en marcha el más
perfecto (hasta ahora) de los ejercicios cívicos políticos conocidos: la
democracia.
Porque señoras y señores esto que estamos viviendo
ya casi sin darnos cuenta es lo que debería haber sido siempre así, por lo
menos desde 1853. Allí, con la aprobación de la Constitución Nacional (por
parte de todas las provincias argentinas a excepción de la de Buenos Aires), el
país se encaminó en la senda que ya transitaban muchos otros Estados de casi
todo el mundo (el occidental, por lo menos) y hasta las monarquías (que aún hoy
subsisten) dejaron de ser absolutistas y también se democratizaron y hasta en
algunos casos pasaron a ser meros aparatos decorativos que verdaderos órganos de
gobierno y hasta de poder.
Pero esa es otra historia. Volvamos a la de aquí y
ahora, aunque no debemos olvidar que para llegar a esta democracia (y no solo a
la que rige desde el 10 de diciembre de 1983) hubo que salvar numerosos
escollos y trampas y movimientos desestabilizadores que se ocuparon de intentar
retrotraer las cosas a las épocas del caudillismo, del virreinato, del vasallaje.
Porque a comicios electorales amplios, secretos y universales, recién se llegó
en 1951, cuando todo el país, y cuando digo todo estoy diciendo todo: hombres y
mujeres, habitantes de las provincias y de los todavía “territorios nacionales”
que hasta entonces NO votaban. En noviembre de 1951 se reeligió la fórmula
Perón-Quijano por amplísima mayoría, siendo el voto femenino el más numeroso.
Era la primera vez que las mujeres votaban en elecciones generales en la
Argentina, gracias al tesón puesto por Eva Perón impulsora del voto femenino
que fuera instaurado por ley en 1949. Ya habían participado, las mujeres, en
elecciones locales en el Chaco y otros rincones del país, pero verdaderamente
el voto femenino (y de los ciudadanos de segunda, los de los territorios nacionales)
fueron los que finalmente hicieron realidad lo implantado por la famosa Ley Sáenz
Peña, que impuso el voto secreto y obligatorio (pero no para todos y para
todas).
Y hoy vivimos este proceso prelectoral, que es lo
más importante que tiene el sistema democrático, porque es el que permite que
los ciudadanos y ciudadanas conozcan y elijan a sus representantes. Es muy
importante destacar, preservar y practicar esto. Y no debe asustar el que en
estas instancias se confronte duramente, se menosprecie y/o ataque al rival, a
los contrincantes a los que piensan y proponen todo lo contrario de lo que nos
gusta y pretendemos y deseamos sea lo que finalmente triunfe y nos gobierne.
Así debe ser y así viene siendo desde |1983 hasta hoy. Aunque hoy, para estos
comicios, la democracia muestra estar un poco averiada: hay una sola propuesta
que concita la simpatía y el apoyo de la amplia mayoría (hay que reconocer lo
que dicen las encuestas, nos guste o no) y hay una oposición que ha mostrado
ser incoherente, dispersa, errática y uno de sus dirigentes, el más conspicuo y
con “mayores posibilidades de ganar”, dos domingos atrás, además de sus saltos
espasmódicos a modo de baile festivo, hizo piruetas discursivas, cambiando el
eje ideológico de sus propuestas para asombro (y disgusto) de propios y
extraños.
Mientras tanto, no sin asombro (o tal vez sin asombro)
vemos y oímos a una ex mala actriz (allá en sus lejanos tiempos cuando comenzó
con su verdadero nombre y apellido) y hoy conductora televisiva de almuerzos y
cenas, y que una vez supo coquetear con los feroces dictadores que se
instalaron después de marzo de 1976, diciendo que “vivimos en una dictadura” y
que la presidente de la Nación “es una dictadora”. Y claro, Mirta Legrand lo
puede decir sin peligro, porque vivimos en una democracia.
Y eso también forma parte del juego democrático.