jueves, 26 de noviembre de 2015

Mucha cal y poca arena: primeras muestras de lo (malo, aterrador) que puede venir
Hugo Murno, especial para el periódico BernalES

No paso demasiado tiempo desde el triunfo (por poquito más del 2%) del ingeniero Macri en su puja por la Presidencia de la República, cuando el lunes y el martes, y el miércoles por si fuera poco, hubieron dos, tres mejor dicho, señales, muestras de lo que se avecina. Que no presagia nada bueno, por lo menos así lo vemos algunos (varios, bastantes, tal vez muchos).
Cronológicamente: el lunes 23 a horas del cierre de los comicios y conocerse los resultados, el diario La Nación, esa tribuna de doctrina liberal (cada día más reaccionaria), se lanzó con un furibundo editorial pidiendo (palabras más, palabras menos) el fin del juzgamiento de los genocidas (civiles y militares) acusados de crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura (1976-1983). En una muestra de que algo de dignidad aún queda, los periodistas del más que centenario periódico repudiaron ese editorial, al tiempo que expresaron que lo que el diario sostiene no es  eso lo que piensan sus trabajadores. Ni buena parte de la sociedad argentina que, salvo el sector que aglutina al próximo gobierno, con el presidente electo a la cabeza no dijeron esta boca es mía. Sospechoso por cierto.
Lo segundo fue el improvisado(¿?) apurado y fulminante fallo de la Corte de (In)Justicia de la Nación, por el voto mayoritario de dos de sus cuatro integrantes (uno renunciante y en retirada por edad; y la otra votó en disidencia). El fallo lo anunció el Presidente del Alto Tribunal, uno de los tres poderes constitucionales del país, doctor Lorenzetti: se dispone que el ANSEs devuelva a las provincias (por ahora tres; ya se sumaran las demás, seguramente) el porcentaje que aquellas tienen que girar al ente de la seguridad social para aportar a su capital, con el que se atienden los pagos de cinco millones (sí: 5.000.000) de jubilados y pensionados, de todo el país, más la Asignación Universal por Hijo  (AUH), y otros programas de asistencia social a desocupados, a sectores de pocos o nulos ingresos, a los planes Procrear (vivienda), Ahora 12 (compras de todo tipo en doce cuotas sin interés). Sería alrededor de 90.000.000.000 (noventa mil millones de pesos) que desfinanciarían al ente público, lo llevaría prácticamente a la quiebra y los que tienen (tenemos) algún beneficio que cobrar irán a reclamar a la calle, como en las las épocas de Norma Pla ante el Congreso y el insensible ministro Cavallo.
El tercer acto de esta tragicomedia fue oficialmente actuado por el flamante futuro Jefe del Gabinete de Ministros del futuro Presidente, y consistió en el anuncio de quienes integrarán ese futuro cuerpo de secretarios de Estado de más de 23 miembros. La única sorpresa buena fue la continuidad del ministro de Ciencia y Tecnología del actual Gobierno nacional, Lino Barañao: por lo menos continuarán las políticas de apoyo y engrandecimiento de la ciencia y la tecnología, el mejoramiento en todos los órdenes de esas dos áreas, los mejores sueldos de científicos repatriados y la custodia de dos bienes importantísimos, el Banco Nacional de Datos Genéticos y los dos satélites de comunicaciones, Arsat i y Arsat 2, fabricados y puestos en órbita por mano de obra argentina.
Los demás ministros designados no fueron sorpresa: una co(ho)rte de gerentes de empresas multinacionales o de la banca y las finanzas extranjeras, con una impronta neoliberal novecentista (de los tremebundos años 90, del menemato y no del siglo 19), y algunos con prontuario dudoso (flojos de papeles) como el de Hacienda y finanzas, expresidente del Banco Central y exgerenciador de los cuantiosos bienes de la extinta Amalia Lacroze de Fortabat, cuya fortuna saco del país y depositó en Suiza (evadiendo impuestos nacionales, por cierto). ¡¡¡Y una ministra de Seguridad que no pudo pasar un test de alcoholemia…!!!
Lo dicho en el título: mucha cal y poca arena es la utilizada para construir el nuevo edificio del nuevo gobierno nacional. Esos dos elementos, más el cemento y el hierro son la base del hormigón armado, basado en el primigenio engendro que idearan los romanos (los del Imperio Romano) para levantar todo tipo de construcciones, incluidas las famosas Vías de transito y los acueductos aún en uso en la vieja, vetusta Europa; esos elementos deben ser mezclados en proporciones justas: ni mucho de uno ni poco de otro. Para que los edificios duren y no produzcan resquebrajaduras y daños. Sobre todo a los habitantes de esos edificios. Y más si se trata de los habitantes de un país. Todos y todas.
Un panorama no demasiado alentador, por lo que se vislumbra. Por lo menos según el saber y entender de este cronista.

Hugo Murno

Buenos Aires, 26 de noviembre de 2015

domingo, 1 de noviembre de 2015

Las últimas torres de un barrio que una vez tuvo puerta

A solo tres cuadras de la estación de Bernal --ciudad del Gran Buenos Aires, a tan solo 17 km de la Ciudad de Buenos Aires, enclavada en el Partido bonaerense de Quilmes-- se encuentran esas torres que rematan unos "raros castillitos normandos". Están mezclados con el conglomerado de casas nuevas y viejas de modesto (y a veces pretencioso) aspecto, en lo que denota ser un barrio de los más populares y antiguo de la zona. (Esos castillitos) forman parte del cotidiano paisaje del lugar y, claro, para los habitantes de allí, que los conocen desde siempre, la cosa (y esas casas) no tiene misterio ni despierta la imaginación. Pero verlos por vez primera y pensar en castillitos medievales de alguna aldea francesa, recrear historias imaginadas y soñar con un pasado de leyendas, es tentación de la que no se escapa fácilmente, algún desprevenido visitante o alguien que simplemente transite por el lugar.
Y algo de eso hubo (de historias fascinantes; misteriosas).
Tal vez un poco de frustrados deseos feudales, porqué no reminiscencias de una Italia ancestral metida en su ser, o ganas simplemente de jugar con la imaginación en sus creaciones arquitectónicas, o todo junto, fuera lo que llevó a don Juan Chiogna a construir esas casa tal como todavía se las puede ver, por lo menos a las que la piqueta o la modernización todavía ha respetado...
Primero fue la construcción de (por lo menos para la época y lugar) la más grande planta industrial de la Argentina: la de la Fábrica Papelera Argentina (después Celulosa Argentina y hoy perteneciente a una multinacional estadounidense) y a su lado el conjunto de casitas (mucho más grandes de las que a veces hoy todavía se hacen con similares fines) destinadas a los obreros y empleados de la firma y sus familias.
Pero esos terrenos que Don Juan había comprado asociado a don Pedro Vaccari, y que lindando con la fábrica llegaban hasta la costa del río de la Plata (unas 20 a 25 cuadras de largo por 4 o 5 de ancho) tentaban para el proyecto que giraría, allá por 1908, en las mentes de esos dos ítalo-argentinos, que seguramente gustarían ver el río desde sus dominios, barranca incluída.
Y así nacieron las casas, como esa que se encuentra (remozada hoy) en la esquina de Crámer y Almafuerte, que es la casa que Don Juan levantó para habitar él. Y allí comenzaba el "feudito", pues la hoy calle Almafuerte (por aquella época P. Vaccari) empedrada y larga tenía tranquera. Sí, como todas las otras que hacían de "puertas" en las demás bocacalles que bordeaban los dominios del arquitecto y empresario industrial; y allí había que entrar de a pie, y el caballo, los sulkis y jardineras de los proveedores del barrio (que eran todos italianos, a excepción de algún español y muy pocos criollos) y obreros de la papelera (en la que ganaban $ 3 --de entonces--por día, de los pesos fuertes en serio). Todo construido con materiales traídos de Europa, ladrillos y maderas, hierros y clavos, tejas y también algunos de los nombres que adornan los frontispicios de algunas de esas casas, como es Quo-Meme, que pasó con tabla y todo de ornar un yate a las paredes de la que en 1973 ocupaba Alfredo Sánchez, de entonces 24 años, nacido en ella y que la compró a los descendientes de don Juan Chiogna en $ 27.000, de esa época, claro... (Él nos lo contó en aquella oportunidad en que indagamos para poder escribir esta nota).
(Don Juan) también había construido una de esas casas que ocupaba la planchadora, y otra para Benito el barrendero; y donde hoy (en 1973) está instalado un taller mecánico, al fondo de otra de las casas supo estar la caballeriza que alojaba la volanta que iba a esperar a la estación (de trenes) a Don Juan, cuando este venía de Buenos Aires a pasar unos días en su "mundito".
Y allí donde está parada una viejecita nervuda y vivaracha, que nos cuenta que su hija es nieta del fundador del barrio, estaba emplazado el parque del lugar con la casona de los viejos Chiogna en el medio...
Pero el clima de misterio lo remata realmente, más que ninguna otra la casa que se levanta allá, al pie de la barranca, frente a una ancha avenida de tierra , que algún día será parte de la Autopista Buenos Aires-La Plata (recuérdese que esta nota fue escrita en 1973 y estamos en 2015). La historia de esa casa quizá no la conozcan sus actuales moradores, una asustadiza pareja de ancianos, que se encierra en silencio tras las descascaradas paredes de lo que otrora fuera concebido como estación de tranvías y/o embarcadero. Sí, las dos cosas, porque las versiones de los viejos vecinos son dispares y cuenta por ejemplo que el proyecto originario era abrir un canal que desde el río llegara hasta allí, para poder entrar y salir  con yates y veleros. Pero también afirman, los que sostienen la otra versión, como lo hace Margarita Vanna de Chiogna, quien supo que su suegro gestionó sin éxito una concesión de la línea de tranvías, que fuera desde el barrio hasta la playa...
Tal vez la verdadera historia sea diferente, y que no haya sido en 1924 que la municipalidad quilmeña tomó posesión de la "calle privada" y la abrió al uso público tal como hoy la conocemos, o sea exagerado el afirmar que, cuando muchos años después, los herederos del "hombre de los castllitos" pusieron en venta los terrenos, y se vendieron los lotes a $ 100 (cien pesos) cada uno (cada lote), y aquel donde está la estación de tranways y embarcadero, fue comprado pagando como si fuera un lote más con un árbol y no edificado...
Las cosas pueden ser algo distintas de lo que el recuerdo de quienes vivieron u oyeron en el viejo barrio cuentan, pero las casas (pocas) todavía están allí (por lo menos hasta 1973 y alguna queda en este 2015 que reescribo la nota) y el paisaje es otro con ellas en pie y tiene olor a historia y más que eso a leyenda. Como la que dicen que, a pocas cuadras de allí, donde todavía está la hist´rica casona de Santa Coloma, el mítico lugar en la que los invasores ingleses tuvieron que enfrentar la porimera resistencia en 1806, estaba aún el ombú donde alguna vez atara su caballo don Juan Manuel de Rosas, para hacer una siesta a su sombra. Pero esa es otra historia.

Bernal y Buenos Aires 16 de febrero de 1973 y 1 de noviembre de 2015.
Hugo Murno al pueblo de Bernal, mi lugar en el mundo allá y entonces desde 1945 hasta siempre...

martes, 27 de octubre de 2015



Las últimas torres de un barrio que una vez tuvo puerta

A solo tres cuadras de la estación de Bernal --ciudad del Gran Buenos Aires, a tan solo 17 km de la Ciudad de Buenos Aires, encvlavada en el Partido bonaerense de Quilmes-- se encuentran esas torres que rematan unos "raros castillitos normandos". Están mezclados con el conglomerado de casas nuevas

miércoles, 19 de agosto de 2015

SILVIO TINELLI O MARCELO BERLUSCONI

¿Silvio Tinelli o Marcelo Berlusconi?
Es el tema del día. Y sin embargo, quien suscribe lo venía diciendo hace unos añitos atrás. Se burlaban...
Por eso, aquí transcribo textualmente el final de una nota de análisis, firmada por el periodista Daniel Lagares (con su permiso, compañero colega) que, bajo el título de "Viaje del rating al fútbol y a la política", apareció hoy, miércoles 19 de agosto de 2015, en la página 4 del diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina:
"...¿Despu...
Ver más
 — me siento inspirado.
HM

martes, 28 de julio de 2015

Paso a paso, afianzando la democracia

Paso a paso, afianzando la democracia

Hugo Murno, especial para el Periódicos Bernales

El próximo domingo 9 de agosto se celebrarán las Paso generales en todo el país; desde abril ya se han realizado más de una docena de comicios (14 creo) en los que se eligieron autoridades locales (desde concejales, intendentes, Jefes de Gobierno y hasta gobernadores provinciales) en un verdadera afianzamiento de la democracia que impera en la Argentina desde hace 32 años, desde aquel 30 de octubre de 1983 cuando mayoritariamente la ciudadanía dijo basta, nunca más a la dictadura cívico militar que, una vez más, se había enseñoreado en la República.
Y el 25 de octubre de este año 2015, nuevamente el pueblo (me parece espantoso eso de “la gente”), los ciudadanos y ciudadanas y hasta los menores de más 16 años, irán a las urnas, una vez más convocados para elegir quien regirá los destinos de este país hasta 2019. Y entonces, en ese futuro no tan lejano de cuatro años, otra vez se volverá a poner en marcha el más perfecto (hasta ahora) de los ejercicios cívicos políticos conocidos: la democracia.
Porque señoras y señores esto que estamos viviendo ya casi sin darnos cuenta es lo que debería haber sido siempre así, por lo menos desde 1853. Allí, con la aprobación de la Constitución Nacional (por parte de todas las provincias argentinas a excepción de la de Buenos Aires), el país se encaminó en la senda que ya transitaban muchos otros Estados de casi todo el mundo (el occidental, por lo menos) y hasta las monarquías (que aún hoy subsisten) dejaron de ser absolutistas y también se democratizaron y hasta en algunos casos pasaron a ser meros aparatos decorativos que verdaderos órganos de gobierno y hasta de poder.
Pero esa es otra historia. Volvamos a la de aquí y ahora, aunque no debemos olvidar que para llegar a esta democracia (y no solo a la que rige desde el 10 de diciembre de 1983) hubo que salvar numerosos escollos y trampas y movimientos desestabilizadores que se ocuparon de intentar retrotraer las cosas a las épocas del caudillismo, del virreinato, del vasallaje. Porque a comicios electorales amplios, secretos y universales, recién se llegó en 1951, cuando todo el país, y cuando digo todo estoy diciendo todo: hombres y mujeres, habitantes de las provincias y de los todavía “territorios nacionales” que hasta entonces NO votaban. En noviembre de 1951 se reeligió la fórmula Perón-Quijano por amplísima mayoría, siendo el voto femenino el más numeroso. Era la primera vez que las mujeres votaban en elecciones generales en la Argentina, gracias al tesón puesto por Eva Perón impulsora del voto femenino que fuera instaurado por ley en 1949. Ya habían participado, las mujeres, en elecciones locales en el Chaco y otros rincones del país, pero verdaderamente el voto femenino (y de los ciudadanos de segunda, los de los territorios nacionales) fueron los que finalmente hicieron realidad lo implantado por la famosa Ley Sáenz Peña, que impuso el voto secreto y obligatorio (pero no para todos y para todas).
Y hoy vivimos este proceso prelectoral, que es lo más importante que tiene el sistema democrático, porque es el que permite que los ciudadanos y ciudadanas conozcan y elijan a sus representantes. Es muy importante destacar, preservar y practicar esto. Y no debe asustar el que en estas instancias se confronte duramente, se menosprecie y/o ataque al rival, a los contrincantes a los que piensan y proponen todo lo contrario de lo que nos gusta y pretendemos y deseamos sea lo que finalmente triunfe y nos gobierne. Así debe ser y así viene siendo desde |1983 hasta hoy. Aunque hoy, para estos comicios, la democracia muestra estar un poco averiada: hay una sola propuesta que concita la simpatía y el apoyo de la amplia mayoría (hay que reconocer lo que dicen las encuestas, nos guste o no) y hay una oposición que ha mostrado ser incoherente, dispersa, errática y uno de sus dirigentes, el más conspicuo y con “mayores posibilidades de ganar”, dos domingos atrás, además de sus saltos espasmódicos a modo de baile festivo, hizo piruetas discursivas, cambiando el eje ideológico de sus propuestas para asombro (y disgusto) de propios y extraños.
Mientras tanto, no sin asombro (o tal vez sin asombro) vemos y oímos a una ex mala actriz (allá en sus lejanos tiempos cuando comenzó con su verdadero nombre y apellido) y hoy conductora televisiva de almuerzos y cenas, y que una vez supo coquetear con los feroces dictadores que se instalaron después de marzo de 1976, diciendo que “vivimos en una dictadura” y que la presidente de la Nación “es una dictadora”. Y claro, Mirta Legrand lo puede decir sin peligro, porque vivimos en una democracia.

Y eso también forma parte del juego democrático.

miércoles, 24 de junio de 2015

Pasando lista
Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales

La Argentina, que sabiamente eligiera en 1853, “para su gobierno la forma representativa, republicana y federal”, acaba de cumplir con la ley y todos sus representantes (en este caso los apoderados de los partidos políticos y/o alianzas) presentaron y oficializaron en tiempo y forma, (el pasado sábado 20 de junio), las listas de candidatos y candidatas con miras a las PASO de agosto próximo y las elecciones generales (de Presidente y Vice, Diputados y Senadores nacionales). Algunas estaban cantadas, otras fueron una sorpresa. Algunas conformaron a muchos. Otras irritaron a otros tantos por igual. La Argentina, en algunas cosas se repite.
Esa misma Argentina supo tener en su corta historia como país republicano y democrático, representativo y (cuasi) federal, tan solo un puñadito de grandes estadistas de proyección nacional e internacional. No más de 4 (cuatro) desde ese lejano 1853 hasta hoy (o hasta ayer nomás). A saber: los cuatro fueron elegidos presidentes, además: Domingo Faustino Sarmiento, Julio Argentino Roca, Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi. Ya sé, algunos y algunas van a decir que no es así, que hubo otros, etc., etc. Etc. En mi opinión hubo sí otros, que se acercaron a ese estadío que los ubica a los cuatro nombrados en el podio de Estadistas con mayúscula. Pueden agregarse a Roque Sáenz Peña, Hipólito Yrigoyen y Raúl Ricardo Alfonsín. Y punto.
Los cuatro primeros llegaron por elecciones populares, aunque no tanto Sarmiento ni Roca ni el propio Frondizi; al Gran Sanjuanino se lo puso a dedo (el de su amante de toda la vida, Aurelia Vélez Sárfield) encabezando la lista que resultó ganadora en 1871; al general Roca lo mismo, aunque no fuera el dedo de su mujer sino el del Partido; y a Frondizi se lo eligió con el peronismo proscripto, por obra y gracia orden militar del gobierno militar surgido de la mal llamada Revolución Libertadora, mero golpe cívico-militar de 1955 que derrocó a Perón. Ese mismo Perón que “mandó” votar por Frondizi y las calles se inundaron de pintadas con la consigna “Vote a Perón votando a sus candidatos” (después, casi veinte años después, en 1973 se trastocó en “Cámpora al Gobierno, Perón al Poder”). En fin, que de los cuatro el único elegido amplia y democráticamente por la mayoría popular de entonces,y recuérdese que entonces No votaban las mujeres, equiparadas por los Códigos Civil y el Penal a menores o incapaces (sic), fue el general Perón (nos/te guste o no nos/te guste).
Pero siempre, con fraude (patriótico o no), sin fraude, con proscripciones, sin las mujeres con derecho negado, después de gobiernos dictatoriales, restaurando la democracia o continuándola como en este período largamente treintañal (por suerte y que dure mucho más), las listas se han conformado por voluntad y decisión de unos y unas pocos y pocas. Siempre. Hasta en los más utópicamente democráticos partidos de izquierda…
Por eso, asombrarse o despotricar por el armado actual de las listas, de todo/as, es poco menos que inocente o pueril. Podrá o no gustar algunos nombres o algunas alianzas,como la de los radicales (si los de la UCR)  olvidándose de lo que pone su himno partidario, uniéndose con el Pro neoliberal de Macri y Lilita Carrió, y su proyecto asumidamente restaurador de viejas recetas probadas ahora en Europa, tras la crisis económica de 2008, provocada por los dueños de las finanzas mundiales, cual son los recortes de pensiones (jubilaciones) y sueldos, como también pretenden hacerlo en Grecia, como ya se hiciera en la Argentina de la Alianza gobernada por De la Rúa y el ministro Domingo Cavallo… O qué al candidato a vice de Daniel Scioli se lo impongan así sin más, aunque sea un cuadro político reconocido (más allá de que sea el “monje negro", como algún día tildaron a Rogelio Frigerio en el gobierno de Frondizi)… O que el tristemente célebre Adolfo Rodríguez Saa casi vaya aliado con Fernando Pino Solanas, otrora peronista progre…  O que la izquierda (¿?) vaya una vez más recontradividida en 8 fracciones (¿o serán facciones?)…
Realmente un cuadro extraño o no. Tal vez una representación bien argentina, tipo tango Cambalache o una versión local de la política que se juega desde hace casi una década (o más) en la Italia actual…
Sin embargo, todo eso no debe asustar ni espantar. Debe hacer reflexionar y “sepa el pueblo votar”.
Qué mejor que seguir viviendo en un sistema imperfectamente democrático y no en la oscura noche del silencio y el “algo habrán hecho”, constreñidos por la opresión y la rigidez de regímenes dictatoriales, que quienes llevamos en este mundo desde la primera mitad del siglo pasado hemos soportado.
Sostengamos esta democracia. Pero miremos atentamente a Grecia.
Buenos Aires 22 de junio de 2015


lunes, 4 de mayo de 2015


De incendios y otras quemazones

Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales

 

Imposible ponerse a escribir una nota periodística, en estos días, sin pensar en hacer alusión siquiera al siniestro que en la madrugada del lunes 27 de abril incendiara un taller textil clandestino en el barrio porteño  de Flores (en la calle Paez casi Terrada, en una zona que acumula denuncias por este tipo de ilegalidad, muy cerca de la avenida Avellaneda, invadida de puestos ambulantes) en la que murieron dos chiquitos menores de edad, cuyos padres, todos bolivianos, trabajaban y “vivían” allí en forma más que infrahumana.

El hecho no ocurrió en las antípodas, en una  de las tantas zonas infestadas de guerras y enfrentamientos permanentes que asolan el mundo ni fue producto de un  cataclismo de la naturaleza, como el que por esas mismas horas sumía a Nepal en el horror a causa de un terremoto o a Chile, de resultas de la erupción de un volcán. No, el desgraciado suceso del que nadie se hace cargo pasó en la ciudad de Buenos Aires, en medio de una noche de jolgorio en la que diversos grupos políticos festejaban todos los resultados de unas elecciones de internas partidarias.

Pocos meses antes, otro voraz incendio destruyó el depósito/archivo de una empresa extranjera dedicada a esos menesteres, en la que se guardaban documentos y otros papeles de diversas empresas, bancos y hasta dependencias oficiales. Lo lamentable, además de que el hecho fue intencional según las conclusiones a las que arribó la Policía Federal Argentina, es que a causa del siniestro once personas (bomberos voluntarios, rescatistas, integrantes de  Defensa Civil de la Ciudad) murieron allí.

Y hasta ahora nada. Ningún responsable sancionado, renunciante, condenado, preso. Nada.

Hace unos años (2006, no tanto tiempo) un voraz incendio en un local bailable del Once dejaba casi doscientos chicos y chicas muertos y un tendal de heridos y cientos de personas con secuelas y traumas físicos y psíquicos. Unos pocos sancionados. Algunos condenados a prisión. Un intendente (Jefe de Gobierno) expulsado de su puesto (y el domingo 26 de abril, horas antes del incendio que mató a dos pibes, se presentaba como candidato a ocupar nuevamente ese cargo…).

Demasiados fuegos y mucha impunidad.

De esas cuestiones es de las que, entre tantas otras, deberían hacerse cargo los candidatos que se postulan periódicamente a cargos elegibles por el voto popular y que, en este año tan particular de fin de un Gobierno, muchas veces se olvidan de cosas como aquellas, que duelen y son resultado de malas políticas o malos hábitos de políticos encumbrados (o tal vez encaramados) en el poder, que hacen la “vista gorda” ante violaciones de reglas y disposiciones que, cuando no se cumplen o se soslayan dan paso a graves acontecimientos: incendios seguidos de destrucción material y muertes;  trabajo esclavo;  permisividad para que se realicen ventas irregulares, se falsifiquen marcas (famosas) o se vendan repuestos (sobre todo de automotores) de no tan dudosa procedencia (casi manchados de sangre).

De esas cuestiones poco dicen y poco se ocupan los que salen de campaña electoral y vociferan denuestos contra sus rivales que no son más que eso: rivales  no enemigos, sin propuestas claras y razonablemente realizables, sino tan solo títulos impactantes, retórica pura, ningún plan ni programa factible de ser aplicado.

 

Mayo de 2015

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lunes, 13 de abril de 2015

Salvando el error: en vez de 2014 debió decir 2015. Perdón. Gracias.
Hugo Murno
1 h ·
Lunes 13 de abril de 2015, el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector... (HUgo MUrno, comienzo de una nota para publicar en un periódico quilmeño...)
Salvando el error: en vez de 2014 debió decir 2015. Perdón. Gracias.
Hugo Murno
1 h ·
Lunes 13 de abril de 2015, el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector... (HUgo MUrno, comienzo de una nota para publicar en un periódico quilmeño...)
Escritores que ya no más…
Hugo Murno, especial para el Boletín de Salud

Lunes 13 de abril de 2015: el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector

Decir El tambor de hojalata, es decir Günter Grass, y está todo bien, más allá del revulsivo que causara su novela-autobiográfica Pelando la cebolla, en la que el Nobel alemán con fiesa su oculto pasado, a sus inocebntes 16 años, en las filas de las Juventudes hitlerianas (recuérdese que el papa Benedicto XVI, cuando tenía aquella misma edad y se llamaba Ratzinger, también formó parte de esa tropa paramilitar nazi).

Decir Las venas abiertas de América latina, es decir Eduardo Galeano, y está todo bien, más allá de que el autor reviera ese texto que sirvió para que muchos, muchísimos jóvenes y no tanto descubrieran las iniquidades a las que fue (¿fue o sigue?) sometida la población toda del subcontinente americano y el despojo que sufrieran (¿sufrieran o sufren?) los países que hoy la conforman, a doscientos y oico años del fin del colonialismo español.

Grass confesó su pasado culposo y muchos lo insultaron, abjuraron de su literatura, como si una cosa no pudiera ir junto con la otra (Pirandello y su más que simpatía por el fascismo italiano y Mussolini, por ejemplo). Günter Grass tuvo una activa participación política en toda su vida. Criticó con dureza la represión de obreros en la Alemania del Este (RDA) a comienzos de los años 1950 (Los plebeyos ensayan la revolución). De hecho se mantuvo siempre muy cercano al partido socialdemócrata y ayudó entre otros a Willy Brandt en sus campañas (como puede leerse en Diario de un caracol), que fue decisivo para el cambio alemán. En 1990, su breve ensayo sobre los campos, Escribir después de Auschwitz, fue muy comentado. Además se opuso, tras la caída del Muro, a una reunificación apresurada e invasiva con la antigua RDA (Alemania: una unificación insensata)[1].

Galeano manifestó hace poco su rectificación de buena parte de lo apuntado en Las venas… Y eso disgustó a muchos. Eduardo Galeano no se inmutó, aceptó las críticas y siguió produciendo, como toda su vida lo había hecho, ya cómo escritor, ya como peiodista. Precisamente Galeano “comenzó su carrera periodística a inicios de 1960 como editor de Marcha, un semanario político literario uruguayo, muy influyente, que tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Editó durante dos años el diario Época. Es además conocida su pasión por el fútbol y en especial por el club decano del fútbol uruguayo, el Club Nacional de Football, pasión que compartía junto a Mario Benedetti[2].
Günter Grass y Eduardo Galeano: parafraseando a otro grande (y también Nobel de literatura) Gabo, el recordado Gabriel García Márquez dijo alguna vez “se está muriendo gente que antes no se moría”.





[1] De la wiki
[2] De la wiki

Todo puede conversarse...

Todo puede conversarse…

Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales


Corre el año 1958, este cronista con sus apenas 16 eneros ya garabatea algunas notas periodísticas o toma fotos con espíritu de reportero gráfico para alguna publicación local (de Bernal y/o de Quilmes), al tiempo que participa activamente del hacer político estudiantil, haciendo sus “primeras armas” en la lucha a favor de la enseñanza laica contra los que apoyan “la libre” impulsada con espíritu privatizador desde el gobierno nacional encabezado por el presidente Arturo Frondizi, gobierno elegido en febrero de ese año, en comicios condicionados por la dictadura que se había instaurado en el país tres años atrás, tras el golpe de Estado mal llamado de la “Revolución Libertadora”.

En tanto, a miles de kilómetros de la Argentina, pero en la misma Latinoamérica, un quijotesco grupo de barbudos guerrea en la Sierra Maestra y logra derrocar a la dictadura del sargento Fulgencio Batista que ensangrentaba a Cuba, país que hasta entonces oficiaba de garito y prostíbulo de los EE UU. El 1 de enero de 1959 los guerrilleros entran victoriosos en La Habana: esos barbudos (y numerosas mujeres también) se hacen cargo del gobierno de la Isla, encabezados por Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Húber Mattos, Ernesto Che Guevara y Raúl Castro.

Lo que sigue tal vez sea historia conocida para algunos lectores del Bernales. Pero seguramente no lo sea para las generaciones más jóvenes. En el país, un nuevo golpe de Estado derroca a Frondizi y todo su gobierno después del triunfo del peronismo en las elecciones de 1962, realizadas para renovar diputados, senadores y gobernadores de provincia. En Cuba, desaparecido Camilo Cienfuegos, en un vuelo sin retorno y preso Húber Matos, Fidel, el Che y Raúl, instauran un régimen dogmático, estalinista, asociado a la Unión Soviética (exURSS).La OEA expulsa a Cuba de su seno, y Estados Unidos impone un bloqueo a la Isla que dura hasta hoy.

Pero desde el sábado pasado las cosas parecen haber tomado un giro totalmente renovador y esperanzador: los presidentes Barak Obama y Raúl Castro estrecharon sus manos y se sentaron a conversar civilizadamente, con miras a cambiar el actual estado de cosas entre EE UU y Cuba y, porqué no, el mundo entero. La reunión se llevó a cabo en ocasión de la VII Cumbre de las Américas y el Caribe, celebrada en Panamá y que contó esta vez, por primera vez, con la presencia activa de todos los países de la región, incluida Cuba. En ese contexto todos, absolutamente todos los líderes de los países hermanos apoyaron el encuentro de Obama y Castro, exigieron una vez más el levantamiento del bloqueo a Cuba y, a la vez, el que ahora se ha impuesto a la vapuleada Venezuela.

Y en la Argentina ya se transita el último tramo del sexto gobierno democrático, tras la larga noche de la dictadura cívico-militar que enlutó al país. Treinta y dos años después del histórico triunfo de Raúl Alfonsín en libérrimos comicios, Cristina Fernández de Kirchner se encamina al final de su mandato y a dejar en manos de quien triunfe en las elecciones nacionales de octubre, el próximo gobierno democrático, algo realmente inédito y alentador para un país que ha sufrido inestabilidades de todo tipo, desde económicas hasta sociales y políticas, pero que al presente parece estar madurando y entendiendo (sus dirigentes y el conjunto de la población) que todo puede conversarse. Aunque algunas voces disconformes expresen a gritos su posturas discriminatorias y reaccionarias e intolerantes. Aunque algunos periodistiquillos desentonen escribiendo y publicando una carta abierta cuestionando a un jefe de Estado porque se apreste a recibir, por quinta vez, a una jefa de Estado, cuando el papa Francisco, el argentino Jorge Bergoglio, pues de el se trata, ya que es el jefe de la Iglesia y también del Estado Vaticano (con representación en las Naciones Unidas), le ofrezca una nueva audiencia a la presidente Cristina Fernández, que es la jefa del Estado argentino (democrática y mayoritariamente elegida en dos oportunidades). O no.

Buenos Aires, 13 de abril de 2015


Escritores que ya no más…
Hugo Murno, especial para el Boletín de Salud

Lunes 13 de abril de 2014: el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector... (HUgo MUrno, comienzo de una nota para publicar en un periódico quilmeño...)
Decir El tambor de hojalata, es decir Günter Grass, y está todo bien, más allá del revulsivo que causara su novela-autobiográfica Pelando la cebolla, en la que el Nobel alemán con fiesa su oculto pasado, a sus inocebntes 16 años, en las filas de las Juventudes hitlerianas (recuérdese que el papa Benedicto XVI, cuando tenía aquella misma edad y se llamaba Ratzinger, también formó parte de esa tropa paramilitar nazi).

Decir Las venas abiertas de América latina, es decir Eduardo Galeano, y está todo bien, más allá de que el autor reviera ese texto que sirvió para que muchos, muchísimos jóvenes y no tanto descubrieran las iniquidades a las que fue (¿fue o sigue?) sometida la población toda del subcontinente americano y el despojo que sufrieran (¿sufrieran o sufren?) los países que hoy la conforman, a doscientos y oico años del fin del colonialismo español.

Grass confesó su pasado culposo y muchos lo insultaron, abjuraron de su literatura, como si una cosa no pudiera ir junto con la otra (Pirandello y su más que simpatía por el fascismo italiano y Mussolini, por ejemplo). Günter Grass tuvo una activa participación política en toda su vida. Criticó con dureza la represión de obreros en la Alemania del Este (RDA) a comienzos de los años 1950 (Los plebeyos ensayan la revolución). De hecho se mantuvo siempre muy cercano al partido socialdemócrata y ayudó entre otros a Willy Brandt en sus campañas (como puede leerse en Diario de un caracol), que fue decisivo para el cambio alemán. En 1990, su breve ensayo sobre los campos, Escribir después de Auschwitz, fue muy comentado. Además se opuso, tras la caída del Muro, a una reunificación apresurada e invasiva con la antigua RDA (Alemania: una unificación insensata)[1].

Galeano manifestó hace poco su rectificación de buena parte de lo apuntado en Las venas… Y eso disgustó a muchos. Eduardo Galeano no se inmutó, aceptó las críticas y siguió produciendo, como toda su vida lo había hecho, ya cómo escritor, ya como peiodista. Precisamente Galeano “comenzó su carrera periodística a inicios de 1960 como editor de Marcha, un semanario político literario uruguayo, muy influyente, que tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Editó durante dos años el diario Época. Es además conocida su pasión por el fútbol y en especial por el club decano del fútbol uruguayo, el Club Nacional de Football, pasión que compartía junto a Mario Benedetti[2].
Günter Grass y Eduardo Galeano: parafraseando a otro grande (y también Nobel de literatura) Gabo, el recordado Gabriel García Márquez dijo alguna vez “se está muriendo gente que antes no se moría”.





[1] De la wiki
[2] De la wiki

sábado, 3 de enero de 2015

“EL SILENCIO, LARGO, MUY LARGO, QUE HUBO DESPUÉS” - UN CUENTO DE HUGO MURNO



A la memoria de Jorge Backmas y Julio A. Rivello
 
Lentamente fue pasando ante mí el cortejo fúnebre. Primero la carroza, con el ataúd, tirada por aquellos cuatro enormes caballos negros, con el cochero y el lacayo sentados allá arriba, enfundados en sus negras vestimentas y sus altas galeras, tipo sombreros de copa, iguales a las de los otros
empleados de la funeraria que iban parados en los pescantes traseros de los incontables carruajes portacoronas y, también, los otros, los que iban conduciendo, en los pequeños coches, estilo calesas, con los deudos, familiares y amigos sentados en su interior .Despacio, cansinamente y silencioso hizo su paso y se alejó por la calle principal, inusitadamente llena de gente a esa hora de la tarde en un día de trabajo y de pleno verano, preelectoral. 
Incomprensible, era todo lo que veía con mis ojillos curiosos que se escapaban de sus órbitas tras todos los movimientos. Y el asombro y la curiosidad y la incredulidad mía, eran comunes a todos los que allí estaban; eso si lo podía entrever y comprender desde mis poco más de cuatro años. Y también la angustia, la rabia, la impotencia de todos los allí presentes. Pero eso lo supe, lo comprendí mucho más tarde, muchos años después. Otro día, mirando desde mi ventana los preparativos de otro sepelio, para otro muerto, para otra muerte.
Aquella vez, la gente se había ido juntando en las veredas bajo el húmedo sol de febrero, en silencio o murmurando muy bajo entre ellos. Eran tan distintos todos los rostros en las caras conocidas de todos los días. Las de todos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Y hasta las de los chicos del barrio, aferrados como yo a las manos o a las polleras de sus madres, tenían una expresión distinta a la de siempre, esa vez.
Hacía un largo rato ya que yo había dejado de hacer preguntas sin respuesta y trataba de ordenar, en mi cabecita infantil, los sucesos agitados y nuevos vividos desde temprano esa mañana. No podía, sin embargo, identificar ciertamente los ruidos muy fuertes, secos, que me habían despertado, aquella madrugada. Sólo años después supe que eran, que habían sido estampidos de revólveres, gritos, corridas por la calle, pasando por frente a muestra casa. Y me enteré que eran de sangre aquéllas manchas oscuras y aquel reguero que, febrilmente, las mujeres lavaron, restregaron bien temprano desde la puerta de la casa de al lado, la del médico hasta la esquina, veinte o treinta metros más allá.
Todo eso lo fui sabiendo con el tiempo. Cuando algunos protagonistas de aquella noche y muchos de los presentes esa tarde en las veredas plenas de gente y extrañamente silenciosas, fueron teniendo una relación diferente conmigo, y yo con ellos, cuando el curso de los años me convirtió en un adolescente inquieto y discutidor y compartí con unos y disentí con otros actividades e ideales.
Antes, en aquel momento sólo veía rostros tensos, adustos, ojos enrojecidos y escuchaba el sordo murmullo de sus voces o percibía el llanto ahogado de muchas de las mujeres presentes. Y el silencio, el largo, aplastante silencio que se hizo cuando surgió finalmente el cortejo, y al pasar frente a todos, destacándose el sonido de los cascos de los caballos de tiro, empenachados ellos también de negro. El silencio que siguió al alejarse el cortejo y después. Sobre todo después. Un silencio denso que se prolongó por mucho, mucho tiempo.
Sólo el trote de los caballos y el rodar de los carruajes al llegar al final de la calle y el bajar de las persianas de los comercios a manera de homenaje, de saludo respetuoso pusieron un matiz distinto a ese silencio.
Aunque hubieron algunos gritos, aislados, semiahogados, impotentes. Se los escuchó provenir precisamente del final de la calle, casi cuando el coche fúnebre doblaba en dirección a la iglesia, pasando frente al núcleo más numeroso, en su mayoría de jóvenes allí congregados. Fueron unos pocos gritos los que surgieron de gargantas enronquecidas de tanto llorar la noche y el día anterior. Pocos gritos que tuvieron el acompañamiento del persignarse apresurado de varias mujeres o el removerse inquieto de los pies de muchos de los que estaban firmes en sus puestos en la calle.
Poco a poco la calle se fue despoblando. El murmullo ahora era el de los pasos de los que emprendían, pesadamente, el regreso a sus casos o a sus ocupaciones. Nosotros nos quedamos todavía un momento más, pocos eran los metros que nos separaban de donde estábamos parados de la puerta de nuestra casa. Por fin mi madre y yo retornamos y, en ese momento fue que le pregunté:
-  ¿Quién era, mamá?
-  Un estudiante, al que mataron. 
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DOS 
¡Viva Perón, carajo!
¡Viva Perón, carajo! El destemplado grito atronó el lugar y, casi, sonó más fuerte que las detonaciones que lo 
Jorge Backmas
acompañaron. Fueron varias. Las detonaciones. Diez o más tiros. Tiros de revólver. De muchos revólveres: de los revólveres que aparecieron en las manos de todos casi sin excepción: de todos los presentes en el lugar y de las de aquellos que irrumpieron gritando. A los gritos y bramidos entraron y tiraron a mansalva, pero buscando los cuerpos de los que estaban en el lugar, que reaccionaron como si estuviesen esperándolos y en fracciones de segundos blandían sus armas en sus manos y hasta en las manos de los mozos y el encargado de la confitería, la vieja Munich, quien extrajo el suyo de su cintura extraordinariamente rápido cuando se percató de la actitud y el gesto, el rictus de las caras de los que habían entrado.
 
¡Viva Perón, carajo! Escupieron los cuatro –porque eran cuatro— no bien traspusieron la puerta y, deteniéndose apenas una fracción de segundo para ubicar lo que venían a
Julio A. Rivello
buscar, se encaminaron decidida y criminalmente, resueltos, hacia una de las mesas circulares, la más grande, esa enorme que estaba en una de los lados al fondo del salón y que esa noche resultaba chica para todos los que se habían dado cita allí, casi en una suerte de asamblea más que una mera reunión de estudiantes universitarios militantes de la izquierda del partido radical local.
 
Dos fueron los muertos. Todos del mismo lado: del grupo de estudiantes. Los otros tuvieron un par de heridos y nada más. Dejaron de aparecer por un tiempo, unas tres semanas y después cómo siempre. Al día siguiente, enterraron a uno de los muchachos baleados. El otro agonizó una semana.
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TRES 
Ahora pasaba otra vez un cortejo fúnebre, por la calle principal del pueblo. Un poco diferente al de hacía una semana, a pesar de que la cantidad de calesas que iban tras la carroza con el ataúd era tan numerosa como las que acompañaban aquella vez, la del estudiante asesinado. El de esta tarde no incluía ningún coche portacoronas cargando incontable cantidad de ofrendas florales, algo que resultaba inusitado para la época. Llamativamente tanto coronas y palmatorias, cómo cualquier otro presente de ese tipo brillaron por su ausencia, a pedido de los deudos y ni una flor se había visto en el velatorio montado en la casona familiar del barrio inglés. Tampoco cruces ni crucifijos ni otros símbolos, salvo una bandera rojiblanca con un crespón negro anudado en un extremo.
Lo demás era casi un calco del otro, desde los rostros crispados y dolidos de todos los que acompañaban los restos de ese nuevo entierro que pasaba por las calles principales del pueblo, hasta el acompasado trote corto de los caballos empenachados, que transitaba ahora rumbo a ese último destino. Ante su paso frente a las casas las puertas se entornaban y los comercios iban bajando lentamente sus persianas bajas. Y la gente estaba de nuevo en silencio en las veredas, mirando.
El cortejo iba rumbo al cementerio de los disidentes, allí donde sepultaban alemanes, ingleses y otros creyentes de diversas ramas del cristianismo, pero que no comulgaban con la fe católica apostólica romana y que por eso no tenían cabida en el camposanto municipal presidido por una cruz y en el que, no bien entrar, había una capilla donde oficiaban el responso de cuerpo presente de los muertos, fieles de la fe oficial, que hasta allí llegaban. Los otros muertos, los diferentes los de otra fe y los suicidas, iban a un descampado que quedaba atrás, a los fondos. Allí también a veces, dejaban que se enterraran a algunos vecinos judíos, pero ricos, o importantes… Los judíos no tenían un sitio permitido en ninguno de los dos lugares oficiales y tampoco, creo, los ateos ni los agnósticos y otras raras avis que no eran tan pocos sin embargo, como que, muchos de ellos engrosaban las huestes radicales, socialistas o comunistas locales.
Yo tenía cuatro años, hacía poco que mi familia, mis padres, mis hermanas, mis abuelos, mis tías y tíos y yo, se había mudado a Bernal, que en ese entonces era un pueblito cercano a la Capital Federal, al Centro, como insistían en llamar a Buenos Aires, y nada más.
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CUATRO 
No era aquel, por cierto, un día igual a este. No caía sobre la ciudad esta llovizna jodedora y fría de julio. Ni era la misma ciudad y han pasado muchos años: más de treinta. Todo eso lo recuerdo ahora, en este preciso momento en que veo los preparativos de otro cortejo fúnebre desde la ventana sobre la que apoya mi mesa de trabajo, en el departamento donde vivo, que mira al noreste y eso dicen que es bueno. La ventana va del techo al piso, con balcón francés, en ochava en esta esquina porteña, complicada, de tránsito constante día y noche. Pero el panorama es el que me gusta y más cuando, como ahora, lo puedo mirar desde un sexto piso.
Llovizna, persistente y fría cae el agua desde hace días y lo que abajo sucede no puede postergarse. A los muertos hay que llevarlos finalmente. Este debe haber sido un pez gordo, escribiría un colega yanqui; a mi me suena que debe haber sido un tipo rico, muy rico, como decimos acá, por la calidad del servicio y del ataúd y la cantidad de ofrendas florales y la vestimenta, los tapados de pieles de ellas, los trajes oscuros de ellos, los uniformes, los paraguas con que se cubren o los cubren, mientras se van ubicando en los innumerables automóviles, todos nuevísimos, los de la cochería y los particulares. Los otros autos, los de los custodios.
El cielo plomizo hace que la escena sea más lúgubre, a esta hora de la mañana, las 11, la qué torna abigarrado el llegar de los cortejos al cementerio de Recoleta. Porque seguro ese es el destino de este muerto. Ilustre, tal vez; un amigo, probablemente, de la dictadura que hace tres años asuela al país. 
CUATRO BIS. OTROS MUERTOS; OTRAS MUERTES 
Hubo otras muertes; otros muertos fueron llevados por amigos y parientes, compañeros, familiares, hasta otros cementerios o a aquel mismo. Hubo otros muertos que no tuvieron siquiera esa ceremonia. O no dejaron que las tuvieran. 
Buenos Aires, 27 de julio de 1979 - 13 de julio de 2009
 
Jorge Backmas y Julio A. Rivello, dos estudiantes, militantes de la Federación Universitaria de La Plata (FULP), - que compartían también su pasión por la Biblioteca Mariano Moreno, de Bernal -, fueron asesinados por un grupo de integrantes de una manifestación de apoyo al entonces coronel Juan D. Perón, una noche de febrero de 1946, días antes de las elecciones, que consagraron a aquél cómo Presidente de la Argentina. El hecho ocurrió en el interior de una cervecería, la ya inexistente Munich, ubicada frente a la estación ferroviaria de la ciudad de Bernal, partido de Quilmes.
SOBRE EL AUTOR 
Hugo Murno, nació en Buenos Aires en 1942. Periodista, autor teatral y escritor de cuentos y otras narraciones

hugomurno.blogospot.com.ar







Ver en EL QUILMERO:
del miércoles, 30 de septiembre de 2009“ASESINATO DE BACKMAS Y RIVELLO - HISTORIA DE DESENCUENTROS - BERNAL 1946”http://elquilmero.blogspot.com.ar/2009/09/historia-de-desencuentros-bernal-1946.html