lunes, 4 de mayo de 2015


De incendios y otras quemazones

Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales

 

Imposible ponerse a escribir una nota periodística, en estos días, sin pensar en hacer alusión siquiera al siniestro que en la madrugada del lunes 27 de abril incendiara un taller textil clandestino en el barrio porteño  de Flores (en la calle Paez casi Terrada, en una zona que acumula denuncias por este tipo de ilegalidad, muy cerca de la avenida Avellaneda, invadida de puestos ambulantes) en la que murieron dos chiquitos menores de edad, cuyos padres, todos bolivianos, trabajaban y “vivían” allí en forma más que infrahumana.

El hecho no ocurrió en las antípodas, en una  de las tantas zonas infestadas de guerras y enfrentamientos permanentes que asolan el mundo ni fue producto de un  cataclismo de la naturaleza, como el que por esas mismas horas sumía a Nepal en el horror a causa de un terremoto o a Chile, de resultas de la erupción de un volcán. No, el desgraciado suceso del que nadie se hace cargo pasó en la ciudad de Buenos Aires, en medio de una noche de jolgorio en la que diversos grupos políticos festejaban todos los resultados de unas elecciones de internas partidarias.

Pocos meses antes, otro voraz incendio destruyó el depósito/archivo de una empresa extranjera dedicada a esos menesteres, en la que se guardaban documentos y otros papeles de diversas empresas, bancos y hasta dependencias oficiales. Lo lamentable, además de que el hecho fue intencional según las conclusiones a las que arribó la Policía Federal Argentina, es que a causa del siniestro once personas (bomberos voluntarios, rescatistas, integrantes de  Defensa Civil de la Ciudad) murieron allí.

Y hasta ahora nada. Ningún responsable sancionado, renunciante, condenado, preso. Nada.

Hace unos años (2006, no tanto tiempo) un voraz incendio en un local bailable del Once dejaba casi doscientos chicos y chicas muertos y un tendal de heridos y cientos de personas con secuelas y traumas físicos y psíquicos. Unos pocos sancionados. Algunos condenados a prisión. Un intendente (Jefe de Gobierno) expulsado de su puesto (y el domingo 26 de abril, horas antes del incendio que mató a dos pibes, se presentaba como candidato a ocupar nuevamente ese cargo…).

Demasiados fuegos y mucha impunidad.

De esas cuestiones es de las que, entre tantas otras, deberían hacerse cargo los candidatos que se postulan periódicamente a cargos elegibles por el voto popular y que, en este año tan particular de fin de un Gobierno, muchas veces se olvidan de cosas como aquellas, que duelen y son resultado de malas políticas o malos hábitos de políticos encumbrados (o tal vez encaramados) en el poder, que hacen la “vista gorda” ante violaciones de reglas y disposiciones que, cuando no se cumplen o se soslayan dan paso a graves acontecimientos: incendios seguidos de destrucción material y muertes;  trabajo esclavo;  permisividad para que se realicen ventas irregulares, se falsifiquen marcas (famosas) o se vendan repuestos (sobre todo de automotores) de no tan dudosa procedencia (casi manchados de sangre).

De esas cuestiones poco dicen y poco se ocupan los que salen de campaña electoral y vociferan denuestos contra sus rivales que no son más que eso: rivales  no enemigos, sin propuestas claras y razonablemente realizables, sino tan solo títulos impactantes, retórica pura, ningún plan ni programa factible de ser aplicado.

 

Mayo de 2015

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