lunes, 13 de abril de 2015

Salvando el error: en vez de 2014 debió decir 2015. Perdón. Gracias.
Hugo Murno
1 h ·
Lunes 13 de abril de 2015, el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector... (HUgo MUrno, comienzo de una nota para publicar en un periódico quilmeño...)
Salvando el error: en vez de 2014 debió decir 2015. Perdón. Gracias.
Hugo Murno
1 h ·
Lunes 13 de abril de 2015, el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector... (HUgo MUrno, comienzo de una nota para publicar en un periódico quilmeño...)
Escritores que ya no más…
Hugo Murno, especial para el Boletín de Salud

Lunes 13 de abril de 2015: el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector

Decir El tambor de hojalata, es decir Günter Grass, y está todo bien, más allá del revulsivo que causara su novela-autobiográfica Pelando la cebolla, en la que el Nobel alemán con fiesa su oculto pasado, a sus inocebntes 16 años, en las filas de las Juventudes hitlerianas (recuérdese que el papa Benedicto XVI, cuando tenía aquella misma edad y se llamaba Ratzinger, también formó parte de esa tropa paramilitar nazi).

Decir Las venas abiertas de América latina, es decir Eduardo Galeano, y está todo bien, más allá de que el autor reviera ese texto que sirvió para que muchos, muchísimos jóvenes y no tanto descubrieran las iniquidades a las que fue (¿fue o sigue?) sometida la población toda del subcontinente americano y el despojo que sufrieran (¿sufrieran o sufren?) los países que hoy la conforman, a doscientos y oico años del fin del colonialismo español.

Grass confesó su pasado culposo y muchos lo insultaron, abjuraron de su literatura, como si una cosa no pudiera ir junto con la otra (Pirandello y su más que simpatía por el fascismo italiano y Mussolini, por ejemplo). Günter Grass tuvo una activa participación política en toda su vida. Criticó con dureza la represión de obreros en la Alemania del Este (RDA) a comienzos de los años 1950 (Los plebeyos ensayan la revolución). De hecho se mantuvo siempre muy cercano al partido socialdemócrata y ayudó entre otros a Willy Brandt en sus campañas (como puede leerse en Diario de un caracol), que fue decisivo para el cambio alemán. En 1990, su breve ensayo sobre los campos, Escribir después de Auschwitz, fue muy comentado. Además se opuso, tras la caída del Muro, a una reunificación apresurada e invasiva con la antigua RDA (Alemania: una unificación insensata)[1].

Galeano manifestó hace poco su rectificación de buena parte de lo apuntado en Las venas… Y eso disgustó a muchos. Eduardo Galeano no se inmutó, aceptó las críticas y siguió produciendo, como toda su vida lo había hecho, ya cómo escritor, ya como peiodista. Precisamente Galeano “comenzó su carrera periodística a inicios de 1960 como editor de Marcha, un semanario político literario uruguayo, muy influyente, que tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Editó durante dos años el diario Época. Es además conocida su pasión por el fútbol y en especial por el club decano del fútbol uruguayo, el Club Nacional de Football, pasión que compartía junto a Mario Benedetti[2].
Günter Grass y Eduardo Galeano: parafraseando a otro grande (y también Nobel de literatura) Gabo, el recordado Gabriel García Márquez dijo alguna vez “se está muriendo gente que antes no se moría”.





[1] De la wiki
[2] De la wiki

Todo puede conversarse...

Todo puede conversarse…

Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales


Corre el año 1958, este cronista con sus apenas 16 eneros ya garabatea algunas notas periodísticas o toma fotos con espíritu de reportero gráfico para alguna publicación local (de Bernal y/o de Quilmes), al tiempo que participa activamente del hacer político estudiantil, haciendo sus “primeras armas” en la lucha a favor de la enseñanza laica contra los que apoyan “la libre” impulsada con espíritu privatizador desde el gobierno nacional encabezado por el presidente Arturo Frondizi, gobierno elegido en febrero de ese año, en comicios condicionados por la dictadura que se había instaurado en el país tres años atrás, tras el golpe de Estado mal llamado de la “Revolución Libertadora”.

En tanto, a miles de kilómetros de la Argentina, pero en la misma Latinoamérica, un quijotesco grupo de barbudos guerrea en la Sierra Maestra y logra derrocar a la dictadura del sargento Fulgencio Batista que ensangrentaba a Cuba, país que hasta entonces oficiaba de garito y prostíbulo de los EE UU. El 1 de enero de 1959 los guerrilleros entran victoriosos en La Habana: esos barbudos (y numerosas mujeres también) se hacen cargo del gobierno de la Isla, encabezados por Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, Húber Mattos, Ernesto Che Guevara y Raúl Castro.

Lo que sigue tal vez sea historia conocida para algunos lectores del Bernales. Pero seguramente no lo sea para las generaciones más jóvenes. En el país, un nuevo golpe de Estado derroca a Frondizi y todo su gobierno después del triunfo del peronismo en las elecciones de 1962, realizadas para renovar diputados, senadores y gobernadores de provincia. En Cuba, desaparecido Camilo Cienfuegos, en un vuelo sin retorno y preso Húber Matos, Fidel, el Che y Raúl, instauran un régimen dogmático, estalinista, asociado a la Unión Soviética (exURSS).La OEA expulsa a Cuba de su seno, y Estados Unidos impone un bloqueo a la Isla que dura hasta hoy.

Pero desde el sábado pasado las cosas parecen haber tomado un giro totalmente renovador y esperanzador: los presidentes Barak Obama y Raúl Castro estrecharon sus manos y se sentaron a conversar civilizadamente, con miras a cambiar el actual estado de cosas entre EE UU y Cuba y, porqué no, el mundo entero. La reunión se llevó a cabo en ocasión de la VII Cumbre de las Américas y el Caribe, celebrada en Panamá y que contó esta vez, por primera vez, con la presencia activa de todos los países de la región, incluida Cuba. En ese contexto todos, absolutamente todos los líderes de los países hermanos apoyaron el encuentro de Obama y Castro, exigieron una vez más el levantamiento del bloqueo a Cuba y, a la vez, el que ahora se ha impuesto a la vapuleada Venezuela.

Y en la Argentina ya se transita el último tramo del sexto gobierno democrático, tras la larga noche de la dictadura cívico-militar que enlutó al país. Treinta y dos años después del histórico triunfo de Raúl Alfonsín en libérrimos comicios, Cristina Fernández de Kirchner se encamina al final de su mandato y a dejar en manos de quien triunfe en las elecciones nacionales de octubre, el próximo gobierno democrático, algo realmente inédito y alentador para un país que ha sufrido inestabilidades de todo tipo, desde económicas hasta sociales y políticas, pero que al presente parece estar madurando y entendiendo (sus dirigentes y el conjunto de la población) que todo puede conversarse. Aunque algunas voces disconformes expresen a gritos su posturas discriminatorias y reaccionarias e intolerantes. Aunque algunos periodistiquillos desentonen escribiendo y publicando una carta abierta cuestionando a un jefe de Estado porque se apreste a recibir, por quinta vez, a una jefa de Estado, cuando el papa Francisco, el argentino Jorge Bergoglio, pues de el se trata, ya que es el jefe de la Iglesia y también del Estado Vaticano (con representación en las Naciones Unidas), le ofrezca una nueva audiencia a la presidente Cristina Fernández, que es la jefa del Estado argentino (democrática y mayoritariamente elegida en dos oportunidades). O no.

Buenos Aires, 13 de abril de 2015


Escritores que ya no más…
Hugo Murno, especial para el Boletín de Salud

Lunes 13 de abril de 2014: el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector... (HUgo MUrno, comienzo de una nota para publicar en un periódico quilmeño...)
Decir El tambor de hojalata, es decir Günter Grass, y está todo bien, más allá del revulsivo que causara su novela-autobiográfica Pelando la cebolla, en la que el Nobel alemán con fiesa su oculto pasado, a sus inocebntes 16 años, en las filas de las Juventudes hitlerianas (recuérdese que el papa Benedicto XVI, cuando tenía aquella misma edad y se llamaba Ratzinger, también formó parte de esa tropa paramilitar nazi).

Decir Las venas abiertas de América latina, es decir Eduardo Galeano, y está todo bien, más allá de que el autor reviera ese texto que sirvió para que muchos, muchísimos jóvenes y no tanto descubrieran las iniquidades a las que fue (¿fue o sigue?) sometida la población toda del subcontinente americano y el despojo que sufrieran (¿sufrieran o sufren?) los países que hoy la conforman, a doscientos y oico años del fin del colonialismo español.

Grass confesó su pasado culposo y muchos lo insultaron, abjuraron de su literatura, como si una cosa no pudiera ir junto con la otra (Pirandello y su más que simpatía por el fascismo italiano y Mussolini, por ejemplo). Günter Grass tuvo una activa participación política en toda su vida. Criticó con dureza la represión de obreros en la Alemania del Este (RDA) a comienzos de los años 1950 (Los plebeyos ensayan la revolución). De hecho se mantuvo siempre muy cercano al partido socialdemócrata y ayudó entre otros a Willy Brandt en sus campañas (como puede leerse en Diario de un caracol), que fue decisivo para el cambio alemán. En 1990, su breve ensayo sobre los campos, Escribir después de Auschwitz, fue muy comentado. Además se opuso, tras la caída del Muro, a una reunificación apresurada e invasiva con la antigua RDA (Alemania: una unificación insensata)[1].

Galeano manifestó hace poco su rectificación de buena parte de lo apuntado en Las venas… Y eso disgustó a muchos. Eduardo Galeano no se inmutó, aceptó las críticas y siguió produciendo, como toda su vida lo había hecho, ya cómo escritor, ya como peiodista. Precisamente Galeano “comenzó su carrera periodística a inicios de 1960 como editor de Marcha, un semanario político literario uruguayo, muy influyente, que tuvo como colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado y los hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Editó durante dos años el diario Época. Es además conocida su pasión por el fútbol y en especial por el club decano del fútbol uruguayo, el Club Nacional de Football, pasión que compartía junto a Mario Benedetti[2].
Günter Grass y Eduardo Galeano: parafraseando a otro grande (y también Nobel de literatura) Gabo, el recordado Gabriel García Márquez dijo alguna vez “se está muriendo gente que antes no se moría”.





[1] De la wiki
[2] De la wiki