Escritores que ya no más…
Hugo Murno, especial para el
Boletín de Salud
Lunes 13 de abril de 2014: el cronista se dispone a escribir esta nota, con la urgencia que impone el cierre de edición, y le llegan dos infaustas noticias. Casi sucesivamente mueren los escritores Günter Grass, en Alemania, y Eduardo Galeano en su Montevideo natal y amado. Dos escritores que ya no habrán de escribir más. Dos escritores que conmovieron a miles de lectores, a los cuales fascinaron o escandalizaron, tanto por su estilo como por sus dichos y posturas políticas. Dos escritores grandes, de los buenos, de los que se queda huérfano el mundo lector... (HUgo MUrno, comienzo de una nota para publicar en un periódico quilmeño...)
Decir El tambor de hojalata, es decir Günter Grass, y está
todo bien, más allá del revulsivo que causara su novela-autobiográfica Pelando
la cebolla, en la que el Nobel alemán con fiesa su oculto pasado, a sus
inocebntes 16 años, en las filas de las Juventudes hitlerianas (recuérdese que
el papa Benedicto XVI, cuando tenía aquella misma edad y se llamaba Ratzinger,
también formó parte de esa tropa paramilitar nazi).
Decir Las venas abiertas de América latina, es decir Eduardo
Galeano, y está todo bien, más allá de que el autor reviera ese texto que
sirvió para que muchos, muchísimos jóvenes y no tanto descubrieran las
iniquidades a las que fue (¿fue o sigue?) sometida la población toda del
subcontinente americano y el despojo que sufrieran (¿sufrieran o sufren?) los
países que hoy la conforman, a doscientos y oico años del fin del colonialismo
español.
Grass confesó su pasado culposo y muchos lo insultaron,
abjuraron de su literatura, como si una cosa no pudiera ir junto con la otra
(Pirandello y su más que simpatía por el fascismo italiano y Mussolini, por
ejemplo). Günter Grass tuvo una activa participación política en toda su vida. Criticó con
dureza la represión de obreros en la Alemania del Este (RDA) a comienzos de los
años 1950 (Los plebeyos ensayan la revolución). De hecho se mantuvo
siempre muy cercano al partido socialdemócrata y ayudó entre otros a Willy
Brandt en sus campañas (como puede leerse en Diario
de un caracol), que fue decisivo para el cambio alemán. En 1990, su breve
ensayo sobre los campos, Escribir
después de Auschwitz, fue muy comentado. Además se opuso, tras la caída del
Muro, a una reunificación apresurada e invasiva con la antigua RDA (Alemania:
una unificación insensata)[1].
Galeano manifestó hace poco su
rectificación de buena parte de lo apuntado en Las venas… Y eso disgustó a
muchos. Eduardo Galeano no se inmutó, aceptó las críticas y
siguió produciendo, como toda su vida lo había hecho, ya cómo escritor, ya como
peiodista. Precisamente Galeano “comenzó su carrera periodística a inicios de
1960 como editor de Marcha,
un semanario político literario uruguayo, muy influyente, que tuvo como
colaboradores a Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Manuel Maldonado y los
hermanos Denis y Roberto Fernández Retamar. Editó durante dos años el diario Época. Es además conocida su
pasión por el fútbol y en especial por el club decano del fútbol uruguayo, el Club Nacional de
Football, pasión que compartía junto a Mario Benedetti”[2].
Günter
Grass y Eduardo Galeano: parafraseando a otro grande (y también Nobel de
literatura) Gabo, el recordado Gabriel García Márquez dijo alguna vez “se está
muriendo gente que antes no se moría”.
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