Existismo argentino, ese
deporte nacional y popular
Hugo Murno, especial para el
Periódico Bernales
Gracias al cielo y a la presidente del Barsil, Dilma
Roussef, ahora sabemos que Dios es brasileño, pero el Papa (el novísimo Francesco)
es argentino. Argentino y peronista, para mayor gloria del exitismo argentino,
un deporte nacional y popular que no se deja de practicar en todo el país y
hasta en el exterior, cuando argentinos nostalgiosos andan por el mundo,
gastando divisas (dólares) aunque les cueste un 20 por ciento más, en estos
tiempos de progresismo nac&pop.
La cosa no es nueva, viene de tan atrás que se ha perdido el
dato de cuando empezó. Pero todos sabemos que tenemos el mejor país del mundo,
la mejor y buena gente, el asado, el mate, el dulce de leche, el río más ancho
y la avenida más larga, Fangio, Maradona, Messí y Gardel (aunque fuera francés
¿o uruguayo?) Y Perón. Somos los mejores, y si por una de esas (como ahora
sabemos gracias al acerto de Dilma) no somos campeones o los primeros habrá sido
porque nos robaron o salimos segundos pero estuvimos ahí y después de todo es
un triunfo rioplatense o sudamericano o latinoamericano o del nuevo mundo o después
de todo es un triunfo de la humanidad… Eso sí, si perdemos o no figuramos ni a placé,
silencio de radio.
Tanta introducción es lo menos que merece el tratamiento del
tema en esta columna. El Papa es argentino, hinc ha de San Lorenzo de Almagro y
peronista. Toda una definición y un estallido no solo de alegría sino de súbita
militancia religiosa de una grey que en los números siempre dio como el 96 por
ciento de la población del país, pero que en la realidad mostraba iglesias cada vez más vacías, salvo en
casamientos, bautismos y comuniones. Así ha venido siendo desde hace rato, pero
eso ha cambiado súbitamente a partir del 13 de marzo pasado cuando se produjo
el milagro del habemus papa argentino. El,giro masivo al catolicísimo,
de manera ferviente y expres, por parte de la gran mayoría de los
argentinos, mostró una vez más esa característica tan nacional y popular de
encolumnarse atrás de los ganadores, losque triunfan, los que brillan, carados
de oros, o ropas llamativas, como alguna vez luciera un presidente, o de
aureolas san tas que hasta hace poco nadie veía o tan siquiera comentaba.
Ese pasaje fugaz del día a la noche, del amor al odio o
viceversa en tan común en estas lejanas pampas (el fin del mundo, dijo
Bergoglio), y los aplaudidos de hoy pasan rápidamente a ser vituperados (yo no
lo/la voté), (cada día canta mejor o no hace un gol de por casualidad),
(etc.etc.etc.). Siempre fue igual, y lo sigue siendo, sin matices: blanco o
negro, unitarios o federales, peronistas o contreras /gorilas, patria o
antipatria, Boca o River, (mate) amargo o dulce…
Escribo este nota mientras crecen las cifras de muertos
resultado de la tormenta-anegamiento más imprevisión-incompetencia y desidia
gubernamental, tanto en Buenos Aires como en La Plata, provocadas por dos tormentas
de lluvias torrenciales a las que sumaron la ambición y corruptela desmedidas,
que han llevado a taponar de cemento las tierras de esas dos ciudades
capitales, en busca del lucro inmobiliario que arrasa con todo, incluida la
calidad de vida y provoca la muerte de las personas. De la gente, como se ha
dado en caracterizar a la ciudadanía, al pueblo de la República.
Escribo y resuenan las voces que pelean y buscan endilgarle
las culpas al otro, sin tener ni unos ni otros, ni unas ni otras la grandeza
que deben mostrar los verdaderos estadistas, los jefes y jefas de gobierno ante
circunstancias duras, difíciles, dolorosas.
No es que después de Auschwitz no se pueda escribir más poesía; pero después de lo que
sucedió estos días y sus secuelas y viendo la ignominia mostrada por los
gobernantes argentinos, casi lo mejor que uno puede hacer es silencio,
respetuoso silencio por las víctimas de la tragedia y ver de que manera
colaborar ante tanto dolor.
Buenos Aires, 3 y 4 de abril de 2013.
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