jueves, 4 de abril de 2013


Existismo argentino, ese deporte nacional y popular
Hugo Murno, especial para el Periódico Bernales

Gracias al cielo y a la presidente del Barsil, Dilma Roussef, ahora sabemos que Dios es brasileño, pero el Papa (el novísimo Francesco) es argentino. Argentino y peronista, para mayor gloria del exitismo argentino, un deporte nacional y popular que no se deja de practicar en todo el país y hasta en el exterior, cuando argentinos nostalgiosos andan por el mundo, gastando divisas (dólares) aunque les cueste un 20 por ciento más, en estos tiempos de progresismo nac&pop.

La cosa no es nueva, viene de tan atrás que se ha perdido el dato de cuando empezó. Pero todos sabemos que tenemos el mejor país del mundo, la mejor y buena gente, el asado, el mate, el dulce de leche, el río más ancho y la avenida más larga, Fangio, Maradona, Messí y Gardel (aunque fuera francés ¿o uruguayo?) Y Perón. Somos los mejores, y si por una de esas (como ahora sabemos gracias al acerto de Dilma) no somos campeones o los primeros habrá sido porque nos robaron o salimos segundos pero estuvimos ahí y después de todo es un triunfo rioplatense o sudamericano o latinoamericano o del nuevo mundo o después de todo es un triunfo de la humanidad…  Eso sí, si perdemos o no figuramos ni a placé, silencio de radio.

Tanta introducción es lo menos que merece el tratamiento del tema en esta columna. El Papa es argentino, hinc ha de San Lorenzo de Almagro y peronista. Toda una definición y un estallido no solo de alegría sino de súbita militancia religiosa de una grey que en los números siempre dio como el 96 por ciento de la población del país, pero que en la realidad mostraba  iglesias cada vez más vacías, salvo en casamientos, bautismos y comuniones. Así ha venido siendo desde hace rato, pero eso ha cambiado súbitamente a partir del 13 de marzo pasado cuando se produjo el milagro del habemus papa argentino. El,giro masivo al catolicísimo, de manera ferviente y expres, por parte de la gran mayoría de los argentinos, mostró una vez más esa característica tan nacional y popular de encolumnarse atrás de los ganadores, losque triunfan, los que brillan, carados de oros, o ropas llamativas, como alguna vez luciera un presidente, o de aureolas san tas que hasta hace poco nadie veía o tan siquiera comentaba.

Ese pasaje fugaz del día a la noche, del amor al odio o viceversa en tan común en estas lejanas pampas (el fin del mundo, dijo Bergoglio), y los aplaudidos de hoy pasan rápidamente a ser vituperados (yo no lo/la voté), (cada día canta mejor o no hace un gol de por casualidad), (etc.etc.etc.). Siempre fue igual, y lo sigue siendo, sin matices: blanco o negro, unitarios o federales, peronistas o contreras /gorilas, patria o antipatria, Boca o River, (mate) amargo o dulce…

Escribo este nota mientras crecen las cifras de muertos resultado de la tormenta-anegamiento más imprevisión-incompetencia y desidia gubernamental, tanto en Buenos Aires como en La Plata, provocadas por dos tormentas de lluvias torrenciales a las que sumaron la ambición y corruptela desmedidas, que han llevado a taponar de cemento las tierras de esas dos ciudades capitales, en busca del lucro inmobiliario que arrasa con todo, incluida la calidad de vida y provoca la muerte de las personas. De la gente, como se ha dado en caracterizar a la ciudadanía, al pueblo de la República.
Escribo y resuenan las voces que pelean y buscan endilgarle las culpas al otro, sin tener ni unos ni otros, ni unas ni otras la grandeza que deben mostrar los verdaderos estadistas, los jefes y jefas de gobierno ante circunstancias duras, difíciles, dolorosas.

No es que después de Auschwitz no se pueda escribir más poesía; pero después de lo que sucedió estos días y sus secuelas y viendo la ignominia mostrada por los gobernantes argentinos, casi lo mejor que uno puede hacer es silencio, respetuoso silencio por las víctimas de la tragedia y ver de que manera colaborar ante tanto dolor.

Buenos Aires, 3 y 4 de abril de 2013.

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