lunes, 20 de agosto de 2018

Asqueado


Asqueado
Hace ya más de medio siglo, en 1955 tenía yo 13 años y viví una historia que hoy parece repetirse, pero grotescamente: mucho más grosera, mucho más impúdica, mucho más dolorosa.
El segundo gobierno de Juan D. Perón, que había sido reelecto democráticamente como la primera vez, allá por 1946, fue derrocado sangrientamente como resultado de una confabulación de la vieja oligarquía vacuna (sojera sería ahora), empresarios “nacionales” de la recién nacida burguesía nacional, milicos resentidos y la santa iglesia católica. Esa maquinaria fascistoide logro expulsar al gobierno popular (populista dirán los nostálgicos de la revancha) e instaurar una dictadura de derecha liberal (el neoliberalismo, que es capitalismo financiero puro aún no se había inventado) la que, entre otras iniquidades dispuso prohibir (por decreto 4161/55) el nombre de Perón y todos sus derivados: Partido Peronista, peronismo, etc. Y muy especialmente el de Eva Perón, Evita, de quien se exhibieron sin pudor sus vestidos, zapatos y otras intimidades; se demolió la que fuera Residencia Presidencial (el lugar fue desde entonces un baldío, hasta que durante el gobierno de Arturo Frondizi (1958) comenzó a erigirse el edificio de la Biblioteca Nacional, inaugurado recién durante el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). Se borraron de un plumazo, además, los nombres de Juan Domingo Perón y de Eva Perón de todos los lugares públicos que los ostentaban.
Sesenta y dos años después (ellos, los reaccionarios, hablan de los nefastos 70 años) el actual gobierno de Ceos, presidido por Mauricio Macri (MMLPQTP) y sus secuaces ha comenzado a hacer algo similar, pero con una virulencia inédita, y con el apoyo no solo de la clase dirigente y los así llamados medios hegemónicos, más los banqueros, los empresarios que renacieron de las cenizas del 2001, los que se enriquecieron sobre todo participando de la Obra Pública y, como no la santa iglesia católica y, ahora también los evangélicos.
Y como si fuera poco, toda esa runfla, prepara para el martes 21 de agosto, mañana, a la tarde una marcha frente al Congreso Nacional para presionar a los senadores para que aprueben el desafuero de Cristina Fernández de Kirchner: un remedo de aquella procesión de Corpus Christi del  9 de junio de 1956, preludio de todo el horror que devino después y parece que algunos (muchos) quieren reeditar.
O de aquel 18F con paraguas por el fiscal fenecido o las del falso ingeniero Blumberg.
La historia, cuando se repite…
Qué difícil es ser argentino (y vivir aquí).
Me da asco.
Hugo Murno, Buenos Aires, 20 de agosto de 2018.

No hay comentarios: